Celebro que El País asuma que un feto de dos meses es una vida humana. Así debe deducirse de su titular, en el que afirma que no se salvaron dos, sino tres miembros de una familia, haciendo referencia a que una mujer que llevaba a su hijo de siete años con ella en el tren accidentado en Santiago, se enteró en el hospital de que estaba embarazada de dos meses. Por lo tanto, dice El País, se salvaron tres y no dos.

Juraría que los fetos de dos meses no eran vidas o no eran humanas hace muy poquito para este periódico, defensor del aborto como un derecho de la mujer. Pero veo que han cambiado su manera de verlo a tenor de lo que deduzco de este titular, en el que celebra que se ha salvado una vida humana. Vida humana que solo existe si ellos dicen que lo es, ya que supongo que si esa misma mujer decide, dentro de un par de meses, abortar, cambiarán el titular para admitir que en ese caso no era aún una vida humana. Es como el gato de Schrodinger, una vida humana y lo contrario a la vez, en un ejercicio cuántico fantástico. Es las dos cosas, a la espera de lo que decida la madre.

Es lo que tiene el relativismo, que es una herramienta mágica capaz de justificar una posición y su contraria, de defender un argumento y su contraargumento del mismo modo y con igual vehemencia y por supuesto con igual legitimidad y autoridad moral. Ellos son los buenos y no tienen nada más que justificar por lo que pueden decir que no es una vida y que sí que es una vida en el mismo día y ante el mismo aforo sin que nadie se levante y les apunte con el dedo llamándolos «mentirosos, farsantes, mediocres».

Son dos casos en los últimos días. Hoy Ángela Bachiller se ha convertido en la primera concejala con síndrome de down de España. El País se felicita por ello aunque en diferentes momentos y a través de diferentes periodistas ha defendido que se pueda abortar a un feto con síndrome de down. Otro salto mortal al cinismo. Es decir, que hay que felicitarse cuando un Síndrome de Down llega a concejal pero si nos le hubieramos cargado en el vientre de su madre, no hubiera pasado absolutamente nada. ¿En qué quedamos?

Lo mínimo que se puede exigir a una estatua es que no se mueva, decía Dalí. Y lo mínimo que se puede exigir a una persona es coherencia. O son vidas humanas o no lo son. Y si defiendes que se pueden abortar fetos por tener síndrome de down, no tengas la indencecia de hacer tuyos sus éxitos, en nombre de la integración. Para integrar a alguien, la mejor manera es no matarla. No sean cínicos, por favor.