Lotka-Volterra y la política española

Coyote

El modelo depredador-presa formulado por Lotka-Volterra se utiliza para el modelado de dos poblaciones -una de depredadores y otra de presas- que interactúan en un mismo hábitat. Una es el alimento de la otra. Cuando la especie de presas es numerosa, los depredadores encuentran abundante alimento, por lo que se fortalecen e incrementan su número, disminuyendo -como consecuencia- el número de presas. Pero claro, al reducirse la población de presas, la población de depredadores pasa hambre, lo que desencadena que el número de depredadores comience a descender y, por lo tanto, paradójicamente se incremente de nuevo el número de presas.

Si las dos poblaciones vivieran aisladas, la población de presas se incrementaría de forma exponencial y la de depredadores se extinguiría. Pero se empeñan en compartir espacio y claro, es lo que tiene cuando uno se come a sus vecinos. Son las cosas de la vida. “Si me como a las presas a mi antojo, a la larga las extinguiré y con su extinción vendrá la mía”, pensaría el depredador. “Pero si no me las como, mi extinción será inevitable y además anticipando el hambre”. Cul de Sac. Si como muero y si no también. El canibalismo sería una primera opción, pero ello conllevaría igualmente su fin como especie. Perro no come perro. El exilio sería la segunda opción, pero puede que no haya presas en un entorno cercano y salir del mismo conllevaría dos problemas: por un lado la posibilidad de encontrarse con depredadores superiores a ellos y –por lo tanto- convertirse en presas y, por otro lado, la posibilidad de morir de hambre antes de poder si quiera encontrar esa nueva e hipotética población de presas de la que nutrirse.

Las presas también dependen de los depredadores y lo saben. Una superpoblacion de presas pondría también en riesgo su propio alimento -la hierba-, al sobrecargarse el ecosistema de rivales compitiendo por el verde. Y las presas, además, tienen el hándicap de no poder si quiera plantearse el canibalismo como opción. Roedor no come roedor. Interdependencia sistémica. Maldición matemática. Una putada, vaya…

Nicholson-Bailey desarrolló luego su modelo para describir la dinámica de una gran cantidad de parásitos; asume que dichos parásitos van a la búsqueda de anfitriones al azar. El parásito crece gracias al anfitrión pero inhibe su crecimiento. Nicholson-Bailey y Lotka-Volterra vienen a decir lo mismo. Sin embargo, hay una diferencia: mientras que el depredador consume total e inmediatamente a la presa, el parásito hace un consumo parcial y prolongado del anfitrión del cual -(insisto: por azar)- toma sus recursos.

Y así pasamos nuestros días.  Creo es que es un error fatal que un depredador se convierta en presa de un parásito, pero me parece un error imperdonable convertirse, además en su huésped. Vosotros tranquilos: esto es instintivo y cíclico, así que elegid bando y sentaos a observar lo que pasa. Quien quiera entender, que entienda. Podemos.

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