Vous êtes une génération perdue

ordinary

Te escribo desde el fondo de la barra de un bar donde suena lo último de Brian Eno en solitario. Lleva ya cuatro años siendo lo último, intuyo que ya tiene que estar cerca de parir algo nuevo. Podría decirte que suena jazz o blues, pero no es cierto y no quiero maquillar la realidad. Small Craft On A Milk Sea, se llama el álbum. Fuera del bar, una terraza donde no suena música, pero si sonara sería un hilo musical con grandes clásicos interpretados como bossanova. La terraza está llena, pero dentro estoy yo solo mirando por la ventana y he de decirte que no me gusta lo que veo. Lo reconozco. Terraceo, lo llaman. Se trata de mostrarse y exhibirse, de conversar mientras disfrutan de una temperatura agradable y hacen fotos a las mesas llenas de Gin and Tonic y de mojitos y piensan en la revolución de este mes. Algunos también fotografían sus pies.

Siempre he pensado que lo outdoor es un estilo de vida que va más allá del entorno concreto: es estar pendiente de las sensaciones fisiológicas: hambre, sueño, frío, calor, sed… En el mundo indoor, no hay tantas urgencias físicas, o al menos las sabemos dominar mejor. Creo que un café cortado en este momento es suficiente, y te reconozco que no me pido una botella de Caol Ila porque no quiero parecer Mourinho ante la prensa rival y porque no me llega. Pero me pone mucho provocar una mirada de desprecio a ciertos perfiles. Por despecho, supongo. O simplemente como un pase de desprecio a un manso.

Me viene a la cabeza la generación perdida. Como esta generación de la terraza, surge de una crisis: el crack del 29 que pone fin a los felices veinte. Un grupo de artistas que en parte salen de haber combatido en la primera guerra mundial (diez millones de muertos) y de la terrible crisis de los Estados Unidos, se refugian en la Belle Epoque parisina y en el Nueva York del jazz. Faulkner, Scott Fitzgerald, Dos Passos, Hemingway, Steinbeck, Pound… entran en contacto con Joyce, con Picasso, con Miró, con la obra de los entonces ya fallecidos modernistas franceses… en noches de excesos llenas de talento y de más cosas. Días de mucha lucha, de supervivencia. La peor generación de la historia, tras la gran guerra y un exilio, durante el hambre, el frío y el tormento de sus recuerdos, se convierte en la mejor.

Scott Fitzgerald critica el capitalismo haciendo el Gran Gatsby y Dos Passos con Manhattan Transfer. Los de fuera de esta terraza lo critican reivindicando democracia asamblearia, casas gratis, escuchando Love of Lesbian y exigiendo huertos urbanos mientras se fotografían los pies con su smartphone. Estos querían que nadie se entrometiera en su vida; los de mi terraza piden más estado, más intromisión, un collar para perro que sea lo suficientemente largo para no ver la mano del amo. Del color verde lechoso del Pernod con agua al verde alfalfa del mojito primaveral. De la casa de Miss Stein al espacio de coworking tan cool.

Tres de ellos consiguieron el Nobel y sus influencias llegan hasta nuestros días. No se donde llegarán los de la terraza, pero me temo que a ninguno le van a dar el Nobel. Hemingway se las ingeniaba para poder leer un libro usado que alguien se hubiera olvidado en un hostal. Estos tienen a su disposición una biblioteca en cada esquina y nunca la han pisado. Pero se quejan de los recortes en Cultura, en vez de crear una nueva. La mejor generación de la historia, se convierte voluntariamente en la peor. Apenas veo creadores con algo que decir, postureos y bigotes aparte. Apenas veo gente con ganas de luchar, porque estiman que los demás les deben algo. La generación perdida, y todas las anteriores partían de la base de que nadie les debía nada y todo estaba en sus manos. Estos esperan un homenaje póstumo antes de haber creado nada.

España está en un momento histórico para que surja una generación que lo cambie todo desde el Arte, desde la Cultura, desde lo intelectual. De arriba hacia abajo, desde la elite creadora –que puede estar en cualquier capa social- a esta terraza. Lo hizo el 98, lo hizo el 27, lo hizo el siglo de oro en España, lo hizo esta generación perdida y lo hicieron Dante, Miguel Angel, Leonardo, Giotto, Petraca y todos los demás en Florencia.

No sé qué opinas, y me gustaría conocer tu visión del asunto, porque veo lo mismo en Valladolid, en Madrid, en Barcelona y en San Sebastián. No está pasando nada. Estamos dejando escapar una oportunidad preciosa de dar un golpe en la mesa, tirar esta terraza abajo como Don Quijote con los molinos y ponernos a estudiar, a leer, a crear o a callar de una vez. Pero no más a hacer el idiota de terraza en terraza, año tras año. Primavera tras primavera.

Coge este guante en forma de carta, que espero tu respuesta y la espero indoor, que acaba ya Brian y he reconsiderado lo del whisky. Te dejo pagadas dos copas y un poemilla como posavasos. Sé feliz.

(Este texto fue publicado originalmente con el nombre “Carta abierta a Jesús Terrés”).

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