Cruzar el Rubicón

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Julio César sabía que si cruzaba el río Rubicón cometería una ilegalidad, es decir, se convertiría en enemigo de la República, en su asesino e iniciaría una guerra civil. Fue entonces cuando dijo aquello de «Alea jacta est» y las tropas romanas cruzaron el río, con el César a la cabeza, ultrajando el derecho, abandonando la paz y destruyendo la república para siempre. Si no hay ley no hay nada. Bueno, para ser exactos, si no hay ley hay jungla, y la vida en la jungla es una carnicería al por mayor. La jungla es la patria del salvaje.

Cruzar el Rubicón es un paso enorme. Violada la república una vez, se habrá violado para siempre. Todo cambia una vez cruzado el Rubicón. Más allá no hay prados más verdes ni valles más fértiles. Al contrario, en la otra orilla hay lo mismo, lo que realmente cambia con el paso dado es la orilla que has dejado atrás. El pasto se va ennegreciendo y se desvanece, porque el Rubicón no se puede cruzar un poquito. El Rubicón se cruza del todo, se cruza con todo y se cruza para siempre. Parece un paso pequeño -lo es- pero una vez dado, ya no hay vuelta atrás. El río se lo lleva todo, lo arrastra todo, sobre todo la dignidad, la decencia y la vergüenza, que son palabras muy raras que ya no están de moda. Así nos va.

Tu primera raya. Tus primeros cuernos. Tu primer cohecho. Tu primera colonia: Chispas. El paso del Rubicón nunca viene solo y siempre abre la puerta de muchos más rubicones. No se puede cruzar el Rubicón y querer volver. Después de la primera vendrá la segunda, después de una canita al aire vendrá toda la cabellera y después de tu primera corruptela vendrá Soto del Real. No se puede parar, porque ya has cruzado el Rubicón y una vez te sientes sucio, da igual una que cuatro. La suciedad se acumula pero la sensación de suciedad, no. Esa se tiene o no. Y si se tiene lo inunda todo. Huele por dentro. Ya te has fallado y te has dado cuenta de que no pasa nada.

Pero sí que pasa. No es posible refundarse, no es posible el renacimiento, no es posible por más que te quieran engañar los vendedores de crecepelo. Si te dejas de respetar te conviertes en una basura. Por eso conviene recordar que sólo hay una manera de hacer las cosas y es de acuerdo con tus principios y de modo que puedas dormir a pierna suelta. Es fácil, lo sabes de modo instintivo, y si no te sale, piensa en tus abuelos. Los que hoy se ríen, llorarán no tardando. Porque sólo hay un plan, el plan a. No hay plan b y nunca lo ha habido. El plan b es una mierda y lo que nos distingue de los salvajes es que el fin no solo no justifica los medios sino que los medios justifican el fin, decía Marañón, es decir que solo tenemos un plan, el plan a. Y si sale mal, te jodes. Puede que sea pronto para encontrar lo que buscas pero definitivamente siempre es tarde para encontrar lo que se ha perdido.

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