Una tercera por debajo

Norah-jones-2016

Recuerdo como si fuera hoy aquel día del siglo pasado, aquel día en el que parecías Norah Jones cantando con un vestido blanco al amanecer por los campos recién regados de Texas.

Yo te veía venir de frente, descalza, con tu mano derecha tocabas la punta del trigo, el sol aparecía en la escena por detrás y todo era extremadamente bello. Lo recuerdo perfectamente porque fui yo quien inventó esos campos, el vestido e incluso quien te inventó a ti misma.

He decir que fuiste mi mejor obra.

Yo caminaba como haciéndote los coros una tercera por debajo, poniendo la mano en forma de visera para que el sol no te cegara los ojos y se me metió el ritmo en el estilo como una de esas melodías repetitivas y aquello lo impregnó todo. Reconozco que me dejé llevar, no lo pude controlar, pero ¿quién puede controlar a Norah Jones de blanco al amanecer por los campos recién regados de Texas?

Era imposible no quererte por entonces. Tus ojos eran una fábrica de colágeno. Cantabas que me querías y lo hacías sin dramas, en bajito, susurrando, sonriendo como si todo fuera un secreto y no quisieras que se enteraran tus hermanas. No, no era una balada feminista ni electro-pop. Decías cosas como “te quiero”, “iré a donde tú vayas”, “soy tuya” y barbaridades de ese estilo, que si nos pillan hoy nos fusilan, a mí por terrorista y a ti por brazo armado.

¡Ah, como recuerdo aquella cara de no haber roto un plato! Me habría quedado a vivir en esa escena, te juro que me lo creí todo, me lo tragué hasta el fondo, habría llevado el ganado desde San Antonio hasta Oklahoma, habría empuñado un Smith & Wesson, habría engañado a todos por ti, habría retado a muerte al mismísimo Tom Ketchum. En Texas no hay piscinas ni sandías ni canción del verano. Solo Norah Jones mirándome y yo jugándome la vida por esa mirada.

Yo hoy quería escribir de mi visita a Sevilla, de lo bien que se come en Lera y de lo mucho que desprecio a Albert Rivera, pero no se me quita de encima tu olor. Espero que sepas perdonar la osadía, nada hay más autobiográfico que la ficción y yo sigo en estos campos sin colágeno, trigo ni vestidos blancos, haciendo los coros a la vida. Una tercera por debajo.

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