Nada es más duro que la vida fácil

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 “Todos los perros han evolucionado para llegar ser animales de utilidad. Muchos se empeñan en convertirlos en animales de compañía sin más y además poniendo un verdadero empeño en darles una vida cómoda y relajada, una vida para la cual no están creados. Esas muestras de cariño mal entendido generan en el perro mucho más sufrimiento que si encamináramos sus vidas hacia aquello que sus instintos dictan: la caza, el pastoreo, la guarda y defensa. Dar al perro su utilidad, ese es el verdadero bienestar animal”. Son palabras de Felipe Vegue y llevo semanas reflexionando en su verdadero alcance.

Su hijo, mi gran amigo Diego, me hacía llegar poco después un escrito en el que leí, entre otras cosas, que “life’s easy when you live it the hard way… and hard if you try to live it the easy way”. La vida es fácil si la vives en la opción difícil, pero terriblemente dura si la pretendes vives de una manera fácil y sencilla.

Generaciones aparte, padre e hijo vienen a decir lo mismo. Perros o humanos compartimos algo: dales una vida cómoda y relajada, una vida sencilla y sufrirán muchísimo por el mero hecho de que ni ellos ni nosotros hemos sido creados para la comodidad, para la relajación, para ver la vida pasar.

Perros y humanos estamos diseñados para sufrir. Estamos diseñados para poder caminar largos kilómetros a por agua, estamos diseñados para poder luchar contra otros animales y contra otros rivales para proveernos de comida. Estamos diseñados para defendernos, para defender una prole, para defender un ADN, para prevalecer. Estamos diseñados para resolver problemas, para pensar. Todo es sencillo si optamos por el camino difícil, porque es el camino para el que has sido creado.

La felicidad, entendida como ausencia de problemas, no existe. La felicidad no es algo que se pueda perseguir. Si persigues la felicidad, lo normal es que acabes como esos perros a los que sus dueños maltratan sin saberlo, porque cuando el ser humano persigue la felicidad suele perseguir hedonismo. La felicidad no viene del hedonismo, la felicidad no se puede perseguir. La felicidad es el regalo colateral de la lucha; busca felicidad y encontrarás depresión. Busca lucha y encontrarás felicidad. Es paradójico, pero es importante darse cuenta. Busca dinero y encontrarás pobreza. Busca ayudar a mucha gente y -¡oh, sorpresa!- el dinero llega. Del mismo modo que el dinero llega siempre por la puerta de atrás, así llega la felicidad. Y no hace gestos, no hay fuegos artificiales para anunciarse. La felicidad llega de repente, un viernes por la mañana, de modo callado.

La mayor parte del sufrimiento deviene de no aceptar el sufrimiento. El hedonismo, la búsqueda desquiciada del placer no solo es algo infantil y de mentes poco formadas, sino que además conduce inexorablemente a la depresión porque la vida nos enseña que después del placer no hay nada más que dolor, vacío, vulgaridad, mediocridad, bajeza moral.

El ser humano adquiere su mayor dimensión cuando las cosas van mal, cuando hay que luchar. Los autónomos no se deprimen. Tampoco los cazadores castellanos, como los Vegue. Los toros bravos y yo nos crecemos en el castigo.

Así, en una versión libérrima, “todos los humanos han evolucionado para llegar ser humanos de utilidad. Muchos se empeñan en convertirlos en humanos de compañía sin más y además poniendo un verdadero empeño en darles una vida cómoda y relajada, una vida para la cual no están creados. Esas muestras de cariño mal entendido generan en el humano mucho más sufrimiento que si encamináramos sus vidas hacia aquello que sus instintos dictan: el trabajo, el esfuerzo, la guarda y defensa de un modo de vida. Dar a la persona un sueño, ese es el verdadero bienestar humano”.

Proclamo.

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