Ingenuidad preventiva

juss

¿Y si ese tal Justo M. estuviera mintiendo? ¿Han pensando en la posibilidad de que todo el caso Ignis sea apenas una chusca venganza personal? ¿Pudiera ser todo falso o, al menos, extremadamente exagerado y distorsionado? ¿Quizá pudiéramos estar hablando de un intento de chantaje llevado al extremo contra una empresa que, en lugar de ceder ante el miedo, ha decidido defender su honor e inocencia hasta el final? ¿Por qué el resto de empleados del tanatorio El Salvador apoyan a la empresa si todos ellos eran conocedores de un delito generalizado, como sugiere Justo M.? ¿Podríamos estar asistiendo a un linchamiento social sin precedentes contra una familia y unos empleados contra los que no hay pruebas? ¿Podemos estar declarando culpables a personas sin juzgarlas? ¿Qué clase de sociedad somos si permitimos que la venganza tome el mando de la acción penal? ¿Qué clase de personas somos si la sospecha sustituye a la prueba? ¿Qué demonios es la postverdad más que un estado de ánimo basado en percepciones y no en la realidad? ¿Se nos ha escapado la humanidad a la vez que el frío?

Yo comprendo que, ante la duda, muchas personas puedan indignarse y pasen de lo abstracto a lo concreto, de la frialdad de un tipo penal a la intensidad de una imagen mental, la del cadáver de su familiar fallecido. Ese icono es un catalizador muy potente. Es algo comprensible y todos podemos ponernos en ese lugar, aunque personalmente no creo que las cenizas de una persona sean esa persona ni entiendo a quien no la incinera o entierra con el féretro más barato, pero ese es otro tema. Es comprensible que, ante la duda, haya indignación e incluso indignación apasionada. Pero creo también que es terrible que la mera existencia de una acusación pueda ser suficiente motivo para que la sociedad extienda su manto fangoso sobre una familia y una empresa al completo. Y lo que es peor: que una posible sobredimensión social y mediática pueda habernos dado a entender que nadie aquí ha estado a salvo, poniéndonos a todos en una situación de potenciales afectados. Yo leo las redes sociales y los comentarios a las noticias y me aterra la poca contención de algunos, que ya quieren cerrar la empresa y encarcelar a todos sin más, solo por el hecho de que alguien haya acusado a alguien de algo.

No conozco el caso en profundidad ni estoy poniendo la mano en el fuego por nadie. Solo digo que “no lo sé”, que debo ser el único ciudadano que no tiene datos suficientes para condenar a alguien -si quiera para reprochar una conducta- y que, ante la duda, pienso que hay que ser cautos y esperar, no manchar el nombre de una familia, de una empresa, de sus trabajadores y de las familias de los trabajadores actuales y pretéritos por lo que pudiera acabar siendo un asunto fiscal. No debe ser agradable verte juzgado de antemano y quizá debamos todos ser un poco más sensatos y menos viscerales y esperar a que todo se resuelva y en ese momento -nunca antes- ver como se aplican las leyes, que es de lo que se trata. La justicia como venganza y el escarnio a priori mejor los abandonamos. Por muy comprensible que sea el enfado que trae consigo la duda, me preocupa más la posibilidad de que unos inocentes pudieran estar en la cárcel por una venganza personal. Puestos a elegir posición, yo prefiero la ingenuidad preventiva. Y después, ya veremos.

Esta columna fue publicada originalmente en El Norte de Castilla el 5 de marzo de 2019.

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