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No sé qué tiene que ver la república con la fe, pero a la vista está que hay fobias que el tiempo no cura. Ya toda España ha visto como algunos gritaron el domingo al paso de la sección infantil de la Hermandad de la Preciosísima Sangre eso de ‘España, mañana, será republicana’. Pues mirad, quizá lo sea. Y federal. Y comunista. España será lo que votemos los españoles, pero no por ello va a dejar de ser católica, camaradas, porque España y el catolicismo son realidades que no se pueden entender por separado, os pongáis como os pongáis y gritéis lo que gritéis. Y esto no es fe sino historia. Hay que leer más, berrear menos y, sobre todo, respetar al que no piensa como tú.

Que la segunda república fue una catástrofe para España, es algo que nadie serio puede negar a estas alturas y, aunque es discutible que se pueda conmemorar un régimen no constitucional por las calles, sea este la segunda república o el franquismo -las dos caras de una misma tragedia llamada siglo XX- no seré yo el que ponga problemas a ello. Ni yo ni casi nadie, todo hay que decirlo, porque a mi ciudad le da exactamente igual lo que hagan los republicanos en su tiempo libre. Yo, como todos, cuento con republicanos entre mis amigos y conocidos y sé que no se comen a los niños crudos, aunque el domingo pudo parecer lo contrario. Tú puedes ser republicano, comunista, crudivegano o tardomarxista y lo puedes ser gracias a que vivimos en democracia y no en un régimen estalinista, pero hay líneas que no se pueden cruzar, y entre ellas, ninguna tan evidente como la de una procesión infantil. Lo que vimos ayer no es defender una república -una forma de estado- sino defender la revancha, el odio, el insulto y el cercenamiento de la libertad religiosa. España no es un país laico sino aconfesional. La aconfesionalidad respeta todos los credos. El laicismo, ninguno.

Yo sé que la concentración republicana contaba con permiso, pero no me vale. Tu permiso para rememorar no incluye permiso para insultar y menos a unos niños. Y menos aún en una Plaza que tiene por nombre Libertad, que manda narices. Tampoco, por cierto, para acusar de ku-klux-klan o meapilas a los que no piensan como tú. Vivimos en sociedad y tenemos que soportarnos unos a otros e ir asustando niños no es la mejor manera. Tú conmemoras el aniversario de la república y nosotros conmemoramos que hace dos mil años Jesús fue crucificado, muerto y sepultado y resucitó al tercer día. Llevamos más de quinientos años sacando a la calle la mayor colección de escultura policromada del mundo. La imagen universal del crucificado es la que se decidió en Valladolid y exportamos al resto del mundo. Y no; te pongas como te pongas, no es lo mismo una cosa que otra.

El problema no es que ambos eventos coincidieran; el problema es que unos no sepan coincidir e insultaran al paso de niños. Yo no vi ningún insulto por la otra parte. ¿Acabaran haciéndonos creer que un grupo de violentos niños fanatizados por el clero acosó con sus trompetas a un grupo de pacíficos manifestantes republicanos? El problema, me temo, no es ser republicano o monárquico; no es ser de derechas o de izquierdas ni ser creyente o ateo. El problema es ser o no ser un cafre. He ahí la cuestión.

Esta columna fue publicada originalmente el 16 de abril de 2019 en El Norte de Castilla.