Oda a Mariano Rajoy

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Mariano, haz el favor y vuelve. Vuelve y trae contigo el gris de la tecnocracia, el frío tacto del tedio, el aburrimiento como estadio elevado del alma. Vuelve, Mariano. Vuelve y manda de vuelta al sótano de Génova 13 a esta panda de niñatos invertebrados, a esta panda de macarras con legionella, a esta legión infecta de infantes, a estos discretísimos cerebros consumidos en su propia nada. Vuelve, Mariano, y trae tu plasma, la levedad de la burocracia, la ausencia de entusiasmo que emana de las almas iniciadas. No respondas a ninguno, ponte el tour, cena una pescadilla hervida, una pera, un yogur de limón, un vaso de agua junto al escudo del Madrid en la mesilla. Fúmate un puro leyendo el MARCA y -como Nerón- asiste al espectáculo de las cenizas de la intelectualidad, a esta manada de batracios que, en la charca, piden diputados como antes pedían lorezepan y circo.

Mariano, clónate y acaba con la estulticia vestida de El Ganso, ahoga a Narciso en Campari, cuelga el teléfono a los sargentos chusqueros de El Viso, anda raro como solo tu sabes, resuelve los problemas sin hacer nada, no des declaraciones, huye de la épica, responde levantando los hombros a las consignas de parvulario, reparte sonajeros en Sanxenxo, tírales una pancarta a la cabeza, báñate en las pozas de la foto aquella y recita el código civil, el sonido más bello, haz una ofrenda a todas las opositoras que se quedan sin verano y a todos sus penitentes que esperamos en silencio que llegue octubre y, con él, el tibio trotar del tráfico rodado, la lluvia de un miércoles cualquiera, la primera ronda de Champions, el cocido de Malacatín.

Leeremos libros aburridos, rescataremos la guía telefónica, pondremos a Albert a vender retretres, a Pedro a bailar los pajaritos con alguna rusa en Benidorm o en una sauna, a Monasterio a tocar en la guitarra alguna de Mocedades en Lourdes. Nadie te va a entender porque la tropa quiere carnaza, chorradas, titulares, jueguecitos. Pero al menos podremos ir a misa sin mucha fe, encenderemos la tele sin tener que ver a Arrimadas y sus exabruptos de polígono, ni a Carmen Calvo homenajenado al retraso mental cada día impar, ni a Ortega Smith oliendo a eructo ni a Pablo Iglesias a sobaco.

Líbranos de ellos, Mariano, haz lo que tengas que hacer, no des explicaciones, arréglalo todo como siempre, manda a socialistas y a liberales al mismo lugar, al que merecen, que no es otro que donde despachen hormonas para crecer, báilalo todo en las bodas, dejales a ellos el relato y quédate con el BOE, desagrada a mujeres menopáusicas, enfada a machirulos echados palante, cabrea a millenials y veganos, encierra a un par de tertulianos, maltrata a dos columnistas, rodéate de subsecretarios, cuelga de un pino a los asesores de comunicación, fusila a un politólogo, llama a Arriola, tomate un whisky, echa la siesta, calla la boca, silencia a los que dan ideas atractivas y asiste al espectáculo de esta chusma que huele a Nivea y a Puerto de Indias.

Vuelve, Mariano. Vamos a ver juntos el tenis, o el golf, o el baloncesto o lo que echen. Temblaremos junto a Merkel, nos sumiremos en la languidez, hablaremos poco y con desgana, contrataremos monumentos a la monotonía parlamentaria, llenaremos de hastío las cabezas con más adrenalina, daremos al pueblo desinterés y mandaremos a la tuna y al club de debate a que rematen el trabajo mientras comemos vaca vieja en el Arahy y la voz de Ábalos nos canta una nana que nos lleve en brazos hasta un monumento a Luis Ciges. Apenas eso.

 

 

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