BRAD

BRAD

Es por todos sabido que Brad Pitt estuvo presente en la edición de 1991, en la que ‘Thelma y Louise’ se haría con el máximo galardón. Sabemos con certeza que pisó el escenario y que se pasó tres días en Valladolid, algo que ha dado pie a rumores y leyendas urbanas. Quien más, quien menos, en Valladolid todos tenemos una hermana, que tiene una amiga, que iba mucho a ‘Tintín’. Alguien debería reconstruir esos días y rodar un falso documental que se presentara en Seminci 2021, coincidiendo con el treinta aniversario. Y contar, para ello, con su presencia.

En ese sentido, el guion de la gala inaugural de este año, estuvo vertebrado por un chiste, según el cual todos los actores y presentadores habrían accedido a venir a Seminci tras la promesa por parte del director del festival de presentarles a Brad Pitt en persona, como modo de compensar el escaso presupuesto para cachés. Muchas risas, pero hoy me he levantado preguntándome: ¿Y si fuera una pista? ¿Y si Angulo tuviera un as en la manga monumental? ¿Se imaginan a Brad Pitt entrando a caballo en el Calderón para entregar la espiga de oro, dando la mano uno por uno a los actores, como escena final de una gran obra cuya manera de ocultarse ha sido anunciarse a voz en grito? Sería una obra maestra de la auto ficción transmedia, una performance interpretada a coro por una ciudad absorta y un festival que cruzaría el umbral de la pantalla para sentarse en la silla del director.

La realidad es solo una de las herramientas que la ficción nos ofrece para pasar desapercibida y, si de algo estamos seguros es de que, antes o después, Brad volverá. Es una deuda histórica, una trama mal cerrada, un relato lleno de espacios vacíos que pide a gritos el cartel de “Continuará” y, por eso, yo voy mirando fijamente las caras de los guiris con los que me cruzo. Este ambiente de cine juega con nuestras mentes y ya he decidido llamar a todos los hoteles, sobornar a todos los taxistas e iluminar todas las escenas, por si acaso. No me quito de la cabeza la posibilidad de que Valladolid sea el escenario que hoy parece ser. Y que la vida sea, a pesar de todo, una inmensa broma que merezca la pena seguir soñando.

(Esta columna fue publicada originalmente el 24 de octubre de 2019 en el suplemento especial de SEMINCI de El Norte de Castilla, dentro de la serie “El Outsider”, con el título “Delirio”. Disponible aquí).

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