pobredemi

Seminci termina con una gala, como comenzó. En este caso, de clausura, como las Clarisas. Siempre he visto algo mongil en esa pulsión pequeñoburguesa de manejar el compromiso mediante una visita al cine, pero vaya, que cada uno maneje la culpa como pueda. Se hace poesía social cuando se acaba el talento y me temo que en el cine sucede igual; se empieza acercando uno a Ian Gibson y el día menos pensado acaba recitando lo de táctica y estrategia de Benedetti. Al menos, hemos de celebrar que muchos conserven ese plan de sábado de siglo pasado basado en cine y cena. La alternativa -Netflix y Glovo- arregla igual de poco los problemas, pero encima deja las calles vacías.

La despedida de Seminci tiene algo de sanfermines. De hecho, deberíamos intentar que los más cafeteros fueran en procesión -laica-, con ‘El Norte’ enrollado en la mano, hacia el Teatro Calderón para cantar, juntos como hermanos -laicos-, el “Pobre de mi” delante de una miniatura de Paskaljević que pondríamos en una hornacina a tal fin. Algo como cuando Valladolid canta la Salve a su vecina, la Virgen de las Angustias para poner fin al viernes santo. Decía que me recuerda al final de San Fermín, con la gente a medio camino entre la depresión y el alivio, no solo porque queda un año, sino por que un semincero de los de verdad, tiene que estar socialmente destrozado después de haber visto, entre otros, a un niño sin derechos en la España postfranquista, el desarraigo de la segunda generación de chinos y tunecinos emigrantes, un bailarín agraviado por homosexual, la complicada maternidad búlgara y mongola, unos desfiles de moda contestatarios en Turquía, una crítica religiosa de Eslovaquia, la mano de obra esclava en Brasil, un asesino machista en paro, los rostros del terrorismo islamista en Argelia, la crisis argentina y la primavera árabe, los jóvenes sin futuro de una república imaginaria, un niño árabe que cruza el Mediterráneo, otro árabe -este adolescente- marginado en Bélgica, unos curas gays pederastas, el desencanto de la juventud rumana, o la pobreza de los arrabales de Lisboa.

No se preocupen: mañana empezamos el détox viendo una de vaqueros. Eso sí que es independiente.

(Esta columna fue publicada originalmente el 27 de octubre de 2019 en el suplemento especial de SEMINCI de El Norte de Castilla, dentro de la serie “El Outsider”. Disponible aquí).