kumbaya

El orfeón progre ha entonado una nueva cantata. Los guardianes de la corrección han marcado que toca machacar a los negocios de apuestas. En otros momentos les había tocado a los toros, la caza, los coches diésel, Mourinho, los puros, los abrigos de pieles, los chuletones, las tiendas de mascotas, el turismo, la custodia compartida y ahora, en su infinita pulcritud ética, en su bondad inmaculada, en su superioridad moral prístina, le ha tocado al juego.

Ellos saben lo que es bueno para ti y así se encargan de hacértelo saber en cada momento, en cada conversación, en cada tertuliano, en cada grupo de whatsapp. Las apuestas deben estar apartadas de los colegios porque crean ludopatía. Supongo que, siguiendo el argumento, deben cerrar todos los bares por ser un criadero de futuros alcohólicos y, por supuesto, todos los estancos, no vayan los niños a imitar a sus madres y se metan un paquete de Nobel para el pecho. Habrá que deportar a los ciegos que, en cada esquina, pervierten a la sociedad vendiendo cupones y, por supuesto, a las administraciones de lotería, donde ancianos depravados marcan una equis en el Osasuna-Celta. De las tragaperras de los bares ya ni hablamos.

Las casas de apuestas son diabólicas, pero con la otra mano se intercambian la lotería de Navidad de Amnistía Internacional. Eso sí, que nadie apueste a un gol de Messi porque será ocio sucio, alejado del dogma y la pureza de esta caverna postmoderna, mucho más rancia que la anterior. Que nadie ose discrepar, matizar, dar otro punto de vista o negarse a aceptar el pensamiento único, so pena de muerte civil. Hay que acabar con las casas de apuestas porque lo dicen ellos, porque destrozan la vida de los jóvenes, sobre todo en los barrios más humildes porque, ya se sabe, los pobres son imbéciles y no saben defenderse ni pensar por si mismos y si ven una casa de apuestas van a sentirse irremediablemente atraídos a perder su dinero y a pedir créditos en cadena para sufragar la pulsión. Otra cosa son los barrios pudientes, donde por supuesto no habría problema. Al fin y al cabo, esos están llenos de socialistas.

No pasa nada si nuestros niños ven Cataluña ardiendo, a bárbaros atentando contra la policía y la libertad. No pasa nada porque esos mismos bárbaros entren en el gobierno de nuestro país, no pasa nada si vemos a Monedero de ministro, dirigiendo la educación de nuestros niños, ni tampoco a Sánchez insultando a sus votantes con su chulería de supermercado. No pasa nada porque haya abortorios matando niños en el centro de las ciudades. Pero por favor, que nadie apueste en una carrera de caballos.

El cinismo es insoportable y la tabarra del catecismo progre, insufrible. Luego nos quejamos del ascenso del populismo, pero es esta izquierda mojigata que ha perdido su sentido quien les está haciendo el trabajo a base de hacer el ridículo y de tratar a la gente como si fuera imbécil. Eduquen a sus hijos, formen niños libres y responsables y no tendrán que preocuparse por el juego ni por el resto de posibles peligros del mundo real, de ese mundo que existe cuando se cierra el catecismo progre y acaban las homilías laicas. Los niños se lo agradecerán. Y los demás, ni les cuento.

(Esta columna se publicó originalmente el 19 de noviembre de 2019 en El Norte de Castilla. Click aquí)