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Nada une más que un enemigo común así que, mientras exista Inglaterra, Irlanda y España permanecerán unidos «en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza hasta que la muerte los separe», como dice la fórmula del matrimonio para los católicos. La fórmula funciona bien, excepto si eres Enrique VIII, en cuyo caso puedes divorciarte cuantas veces quieras e incluso utilizar para ello la técnica de la decapitación. Y de paso, puedes montarte tu propia iglesia con la misma facilidad con la que montas un Gentlemen’s Club en St James’s Street.

Enrique VIII es un Tudor, una dinastía que, por entonces, no eran nadie frente a los poderosos y brillantes Trastámara. Los Reyes Católicos, ambos Trastámara, se casaron en Valladolid en 1469. Su tercera hija, Catalina, que fue también educada en Valladolid, reinaría en Inglaterra y aportaría algo de clase, inteligencia y alcurnia a los Tudor. La propia Catalina tuvo una hija, que llegaría a ser también reina de Inglaterra -Bloody Mary-, y que logró donar la elegancia castellana de su madre a la corona inglesa. Mary se casó con Felipe II que, por supuesto, nació en Valladolid y que combatió fuertemente a Isabel I.

Otro que combatió a Isabel I fue el líder gaélico ‘Red’ Hugh O’Donnell, el cual encontró un gran apoyo para Irlanda en Felipe II. Tras una serie de victorias en ‘La Guerra de los Nueve años’, también conocida como la Rebelión de Tyrone, las tropas españolas e irlandesas perdieron contra Inglaterra en la batalla de Kinsale. Perdieron la batalla, pero no el sueño de una Irlanda sin ingleses. Cuando Felipe II murió, su hijo, Felipe III heredó el mayor imperio jamás visto, ‘el imperio dónde no se pone el sol’, como lo llaman. Pero no solo heredó el imperio de su padre: también sus odios.

Felipe III vivía, por supuesto, en Valladolid. Y O’Donnell decidió venir hasta Valladolid, por entonces capital de España, para pedir apoyo a la monarquía hispánica en un nuevo intento de expulsar a los ingleses de Irlanda. Tras muchos intentos y largas esperas, ‘Red’ Hugh fallecería repentinamente y esa reunión no llegó a tener lugar jamás.

El héroe irlandés fue enterrado con honores reales y con la mayor solemnidad vista hasta entonces por un irlandés. Su cuerpo descansa en el ya desaparecido Convento de San Francisco, un convento tan grande como tres campos de fútbol, en el que también fue enterrado Cristóbal Colón casi cien años antes. En estos días, el Ayuntamiento de Valladolid, liderado por su alcalde Óscar Puente, ha decidido comenzar los trabajos de excavación en el lugar en el que estuvo la capilla, tratando de encontrar los restos del irlandés. Y puede que los hayan encontrado. Han aparecido varios esqueletos humanos y habrá que esperar a que se estudie el ADN. Puede que uno de esos cuerpos sea el de Hugh. Puede que no. En cualquier caso, en Valladolid yace para siempre un héroe irlandés que tuvo que venir hasta la capital del mundo para pedir ayuda, buscar aliados y luchar por la libertad de su pueblo. Posteriormente, miles de irlandeses siguieron luchando con la monarquía hispánica en los ‘tercios’ irlandeses. El catolicismo es una nación.

Hoy, Valladolid es una ciudad de tamaño medio en la llamada ‘España Vacía’, y está loca por el rugby. Por cierto, sugiero el gran torneo ‘Red’ Hugh O’Donnell entre los dos clubes de Valladolid y dos clubes irlandeses. Es hora de brindar juntos con su Guiness y nuestro vino. Esta ciudad ya no es la capital del mundo. Aquello terminó y Madrid cogió el testigo de cuatro siglos de predominio de Valladolid. Pero nuestra importancia histórica sigue siendo incomparable y este proyecto, más allá de la importancia de la tumba de O’Donnell, viene a recordarnos la importancia de un legado, lo sublime del suelo que pisamos y la necesidad de seguir investigando quienes somos para entender hacia dónde queremos caminar.

Pero, sobre todo, así podremos escuchar el atronador murmullo de una historia -la europea- compartida por todos los pueblos. No solo Irlanda, no solo España. También es la historia de aquellos que han decidido irse dando la espalda a sus raíces que hoy, Valladolid, desentierra.

(Esta columna se publicó originalmente en inglés en El Norte de Castilla, el 7 de junio de 2020. Disponible haciendo click aquí)