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Que haya un cocodrilo en Simancas es señal de que existe la justicia divina. Es un incidente así como de campaña de Lacoste, «o sea tía, te lo juro, superfuerte», que diría Irena Montera. Ya saben el dicho: «El Pisuerga lleva el agua y el Duero la fama». Yo añadiría que el Pisuerga lleva también reptiles, aunque puede que no, los expertos no se ponen de acuerdo. Han encontrado un nido, –pero no–, juncos de metro y medio aplastados –o no– y restos de un pescado devorado por algo que podría ser un cocodrilo y podría también no serlo. A ver, o el cocodrilo es gallego o quizá tengamos un cocodrilo de Schrodinger, un cocodrilo cuántico que a la vez existe y no existe. O puede que estemos ante una enorme campaña de promoción local: después de lo del irlandés que murió en Simancas y se enterró en Valladolid, les devolvemos ahora un viceversa en toda regla y de paso anunciamos la repatriación del monstruo del Lago Ness.

Abastézcanse los bares de whisky y cerveza, que esto promete. Ya estoy viendo nuestro barco ‘La Leyenda del Pisuerga’ lleno de exploradores en busca del bicho, apariciones locales de Frank de la Jungla y una excursión de animalistas exigiendo su inmediata puesta en libertad con una bandera donde se pudiera leer ‘Cocodrile lives matters’. ¿Se arrodillarán también ante un reptil? ¿Lavarán las patas al bicho? Lo doy por hecho. Y más si es una hembra, claro. Pega, de fondo, la música de Bill Halley «Hasta luego cocodrilo, no pasaste de caimán» o esa cumbia que decía que «se va el caimán, se va para ‘La Rondilla’». Aunque, en realidad, lo que estoy viendo es un homenaje de las ‘Chicas Cocodrilo’ de Hombres G, ya saben: «Has sido tú, ¿te crees que no te he visto?». Si algún lugar merece capitanear un homenaje a los de David Summers es la confluencia de Valladolid y Simancas, el kilómetro cero del ‘tardosummerismo’: El Pichón. Y a ser posible, con Paty Varela a los mandos.

Como decían ‘La Costa Brava’: «Adoro a las pijas de mi ciudad, su aroma es tan distinto…». Aunque una noche, en Sant Gervasi, descubrí que las niñas pijas huelen igual en todas las ciudades del mundo, ellas son una nación, la primera y quizá la única que nos queda. En cualquier caso, nada que envidiar a nuestras pijas indígenas que, en este momento, estarán cantando en Entrepinos que «nunca hemos sido las guapas del barrio. Siempre hemos sido una cosa normal. Ni mucho, ni poco, ni para comerse el coco. Oye, yo ya te digo una cosa normal» mientras de reojo pescan sauros, sueños e ingrávidos rayos de sol. Que la vida no va en serio algunos lo empiezan a comprender muy pronto.

En fin, que si en Valladolid desenterramos héroes irlandeses en la fase cero y en la fase uno aparecen cocodrilos, creo que no es exagerado soñar con una fase dos aún más mágica y exótica. Yo lo tengo claro. Si no aparece un puma en Torozos, este sábado ‘doblete’ de Ben Arfa.

(Esta columna se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 9 de junio de 2020. Disponible haciendo click aquí)