EFE/ Giorgio Viera

Si me dedicara a la demoscopia en Estados Unidos, iría cerrando el garito para dedicarme a vender batidos de fresa en un bar de una carretera de Nebraska o a colocar rarezas a ‘rednecks’ en una de esas tiendas de empeños que salen en la tele y que lo mismo te venden el bigote de Groucho Marx en Sopa de Ganso que la espada de George Washingtonen la batalla de Trenton. Porque se han lucido. En el caso de que se confirme la victoria demócrata -y parece que el resultado final va para largo-, Joe Biden habría ganado las elecciones por un escasísimo margen y no por los más de diez puntos porcentuales que anunciaban los supuestos expertos. Desde luego, el candidato demócrata no podía ser peor -con permiso de Hillary Clinton– y uno no puede evitar pensar que, sin límite de mandatos, Barack Obama podría haber sido presidente más años que Felipe González. En cualquier caso, se comienza a rumorear que Biden podría ser solo una tapadera y que la verdadera candidata sería la vicepresidenta, Kamala Harris, que sucedería a Biden sin necesidad de pasar por las urnas.

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