EFE/JuanJo Martín

Omitiré la fábula de la rana y el alacrán por principios: ustedes la conocen, yo la conozco y ninguno estamos aquí para perder el tiempo. Me limitaré a recordar que la política profesional es un lodazal, una charca repleta de alacranes que se creen alacranes y, peor aún, de ranitas que también creen serlo, como cuando de pequeño pintaba bigotes a las señoras de las fotos de los periódicos. Como si poner cara de malo cambiara tu esencia, como si cuando Sánchez sonríe en la tele no nos entrara a todos un frío integral en el alma y en el porvenir. Todos en política creen ser alacranes, no hay en el charco ranitas felices que lleven a los escorpiones a la otra orilla por la patilla. Quizá sí al principio, pero todo tiene un final. O en ‘albertininano’ libérrimo: «yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho asesor». Pero hoy venía a hablar de ‘Gambito de Dama’, la serie de moda. (Clic aquí para leer el texto entero en El Debate de Hoy).