La prensa local es maravillosa. Como decía Bogart a Ingrid Bergman en Paris, «el mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos». Pues lo mismo. Ya puede reventar el planeta en confeti –que diría Aute–, que los periódicos de provincias tenemos agenda propia y estamos a lo que estamos. Para el conflicto en Oriente Medio, ya tenemos al New Yorker. El International Herald Tribune analizará las repercusiones de la vacuna en el Dow Jones y The Guardian tendrá a media redacción escudriñando hasta el último detalle de la salida dialogada del brexit. Pero solo la prensa local estará ahí para contar la maravillosa noticia de un hombre que se ha hecho caca, un hombre que defeca en plena calle porque con el toque de queda ya habían cerrado los bares y no llegaba a casa. Ha sucedido el sábado en Valladolid y yo lamento el tono escatológico. Entiendo lo desagradable del asunto, pero entiéndanme, hay temas que ya son columnas desde su génesis y uno no puede abstraerse de estas maravillas con las que la actualidad le premia de vez en cuando. Óiganme: un hombre ha tenido un apretón y, por mi, que se detenga el mundo, que se paren los relojes y las rotativas. Embarguen la portada si es necesario: un hombre se ha hecho caca en la calle. Y esto hay que contarlo. 

Yo supongo que el señor cogió la reapertura de la hostelería con demasiado ímpetu, que tenía ganas, que le pudo el ansia y que al fin y al cabo quien más, quien menos, todos estamos en pretemporada y muy lejos de nuestro mejor estado de forma juerguista. Digo yo que al señor se le iría la mano con el vermú torero, con la comida, con el licor café, las copas…y claro. Pasa lo que pasa. Es cierto que la situación no era la más adecuada para la creatividad, pero ya puestos yo le habría dicho a la poli que no se equivocara, que en realidad era un ‘caganer’ de un Belén viviente y que los colegas estaban haciendo de mula y de buey. Y que había elegido la Plaza de la Universidad porque los restos de la Colegiata tienen algo de portal de Belén. Y es que ya me dirán, de todos los lugares posibles para defecar, nuestro ‘caganer’ elige la Universidad. A lo mejor nos quería decir algo, a lo mejor era una performance contra la Ilustración o una revisión de la ‘Mierda de artista’ de Piero Manzoni. O quizá era un homenaje a Millán Astray cuando lo de «¡Muera la inteligencia!» y «¡Viva la muerte!». Porque esa es otra. Cuenta El Norte que cuando una señora dijo al ‘caganer’ algo así como «marrano, vete a cagar a tu casa» (sic), el hombre respondió con un poético «roja, hija de puta, baja y me lo dices a la cara». Tenemos un caganer facha y a mi me parece genial que cada uno politice sus heces como quiera. Son un arma llena de futuro.

Por otro lado, el lema de nuestra universidad: «Sapientia aedificabit sibi domum». La sabiduría se construyó una casa. Pues digo yo que podría haberla rematado con un baño y un retrete con atril, la verdad, que algunos defecan también palabras. En fin, que el confinamiento nos trajo un corzo y la apertura de los bares nos trae otro tipo de animalillos, ya saben, «noches de desenfreno, mañanas de Ibuprofeno». Me permito sugerir que «tardes de espetec, noches de fortasec». Dicen que el ‘caganer’ tenía una gota de sudor frío en el rostro y yo creo que esta mañana alguno lo que tiene es una resaca como un piano.

(Esta columna se publicó originalmente el 15 de diciembre de 2020 en El Norte de Castilla. Disponible haciendo clic aquí).