Este tercer volumen de mi diario sigue la estela de la primera parte (Distancia social – Diario de confinamiento) y de la segunda (The New Normal).

Lunes, 15 de marzo

Apenas puedo dormir pensando en el debut en ABC. Aunque estoy bastante seguro del texto que he mandado, siento cierto vértigo y no es por la calidad literaria o por lo que opinarán de mí unos y otros, sino por la exposición tan brutal que supone. Twitter es un estercolero y ABC es una declaración de intenciones. Es una suerte que esta oportunidad haya llegado con 42 años. Con 30 uno es aún un gilipollas y estaría intentando agradar, histérico, nervioso, ansioso, con miedo, quizá con pájaros en la cabeza intentando encajar. Con 42 es otra cosa, uno está más preparado, la personalidad totalmente formada, tiene el suficiente fracaso y el suficiente éxito a la espalda como para desconfiar de ambas sensaciones. Y sobre todo para tratar educadamente a todos, pero sin hacer mucho caso a nadie. Si me han llamado es porque les gusta quién soy. Cambiar para agradar sería un error, como nos sucede a menudo cuando nos enamoramos aunque, en realidad, ya ni me acuerdo de la sensación de amor. Pero por mucho que esté seguro, ser el blanco de la ira de la extrema izquierda no es lo mismo que ser el blanco de la crítica de la iglesia católica, por poner un ejemplo. Los segundos no te pegan. Es cierto que no veo España en una situación tan crítica y que mis textos no están hechos desde el odio, que tengo amigos en todos los lados y que me significo por estar en contra de las dos Españas, pero desde luego eso hace que unos y otros no me tienen ningún cariño y ABC es un escaparate a todo el país.

La columna funciona bien -es buena- y recibo felicitaciones de parte de muchísima gente. Hago un guiño a Camba, a Ruano, a Azorín, a Wenceslao…y a Gistau. No fue una columna fácil de escribir porque uno es educado y está acostumbrado a saludar cuando entra en un lugar en el que nunca ha estado, pero eso hacía que el texto fuera vulgar, mediocre, cobarde. En cuanto cambié el tono y comencé a hablar como si todo el mundo me conociera, el estilo fluido salió solo, elevando mucho la calidad de la columna, el ambiente, el trasfondo, el contexto. Citar en mi primera columna esas referencias es marcar el territorio, dejar clara la herencia que pretendo seguir, insertarme mentalmente en un marco muy concreto. Y sobre todo dejar claro a lo que he venido.

ABC es otra liga y se percibe desde el primer momento. El trato de todo el mundo es exquisito, diferente. No digo que en el resto de sitios no sea así sino que en ABC se percibe más, que parece ser un sello de la casa, que se exagera la educación, que el respeto es mucho mayor y de un modo no casual. Desde que he comenzado he hablado con varias personas -contabilidad, redacción, administración, ilustración, opinión- y todos y cada uno me han tratado con enorme respeto. Incluso me han cambiado la plumilla, que era una basura, solo porque lo he pedido. En otros medios quizá no atienden esa petición al último mono, como es mi caso hoy. Incluso se puede percibir como una pijada, un capricho. Aquí quizá también, pero al menos no lo dicen. Las llamadas que recibo no son las normales. No voy a decir que un nuevo columnista en ABC sea un acontecimiento nacional, desde luego que no. Pero se nota de modo evidente otro nivel de interacciones y de felicitaciones. Es otro mundo, esto es sentarse en la mesa de los mayores pero desde el salón de mi casa y comiendo macarrones.

A las 19:00 de la tarde, cuando creía que estaba todo el pescado vendido, me llaman director y subdirector de ABC -Quirós y Pery- para preguntarme si podría hacer un texto para la web acerca de la renuncia de Pablo Iglesias a la vicepresidencia del gobierno y su candidatura a la presidencia de la comunidad de Madrid. Me da la impresión de que les ha gustado la primera columna y quieren probar si podría hacer otra columna buena sin avisar, sin tiempo, con un tema impuesto. Les digo que sin problema, claro. Torería, patalante, un par. La vida es una plaza de toros y la diferencia entre unos y otros es que cuando sueltan el toro, hay quien corre pálido y quien se planta en los medios, baja la mano y se juega la bragueta. Así que en hora y media entrego un texto realmente bueno. Me voy a la cama muy cansado mentalmente, con la sensación de que esto va en serio. Es mi primer día y mi segunda columna, cuando se suponía que solo tenía una a la semana. Empieza bien. Pero no se donde va a terminar. No vivo de esto y necesito orden para compatibilizar todo. Pero me encanta el rock and roll.

Martes, 16 de marzo

Me felicitan director adjunto, subdirectores, jefe de sección y el mismo Consejero Delegado, además de mucha gente anónima y no tan anónima. Acabo el día en la portada de la web de ABC como texto más leído del día. Hace una semana estaba tomando una caña.

Miércoles, 17 de marzo

I

Acudo al Colegio San José, mi colegio, para hablar con el director, Carlos Entrambasaguas, que me pide que colabore con el Colegio en unas sesiones acerca de publicidad y periodismo para 3º de la ESO. Por supuesto, accedo. No se puede decir que no a la Compañía de Jesús y menos a mi Colegio en particular. Es el lado correcto de la historia. Jesuitas somos una nación, quizá la única que importa. Doy un paseo por los viejos claustros y me siento de nuevo un niño asustado ante tanta solemnidad. Estoy deseando que mi hija pueda entrar, es muy importante para mi.

II

Como con Juanma, un amigo a medio camino entre Frank Underwood y Juan Carlos Aragón con el que me río mucho y, sobre todo, aprendo. La relación comenzó siendo profesional, pero poco a poco se ha tornado en otra cosa. Comemos de vez en cuando y es para mi un placer. Tengo la agenda llena de comidas y cenas hasta 2026. Aunque me encuentro bien, tengo pánico a hacerme análisis, estoy comiendo y bebiendo con más frecuencia y se sabe que un hombre sin mujer tiene una esperanza de vida mucho menor. Joder, que me receten una mujer y terminamos antes. O que Siri me eche la bronca.

Jueves, 18 de marzo

Mi estilo está formado por capas, por anillos de vida, como los troncos de los árboles. Pero creo que si algún día me enamoro me cambiará del todo. Temo a la capa final, posiblemente no se superponga a las anteriores sino que las quemará, arrasará con el estilo, con las arrugas. Escribiré para impresionar a una mujer, para buscar su aprobación y me volveré un cursi, un empleado que busca agradar. Escribiré con menos tiempo porque tendré que hacer cosas super especiales y planes conjuntos. No podré darlo todo en cada texto. Luego la ruptura y la vuelta al estilo, pero quizá ya sea demasiado tarde.

Viernes, 19 de marzo

Gran éxito con texto en El Debate. Visita al dentista, ayer comiendo garbanzos comí también una piedra que me ha partido la muela del juicio. Espero con ansia que sea algo simbólico e incluso profético.

Sábado, 20 de marzo

Me llama Guillermo Garabito para pedirme que prologue la reedición de ‘Amapolas comuneras’, mítico poemario de su abuelo Godofredo. Le digo que sí, por supuesto, que un honor. El otro prologuista es Arturo Pérez Reverte. Esto empieza a ser dantesco, me muevo en ambientes ya altos con naturalidad, pero no puedo evitar sentir una mezcla de que estoy donde tengo que estar y de que estoy cometiendo un error. Siento miedo, pero no por mí. Siento miedo por que tengo la sensación de no ser yo mismo, de estar interpretado un papel, de ser un actor. Supongo que es cuestión de tiempo. Me llama el subdirector de ABC para hacerme una proposición malévola, pero no puedo hablar por la muela y me quedo con las ganas de saber qué quiere. A esperar.

Domingo, 21 de marzo

Paso el fin de semana entre ibuprofeno y soledades, con un par de libros más y una muela menos. Vuelve el sentimiento de presión, es una presión intensa, una autoexigencia máxima que me hace sentirme disconforme con todo lo que escribo. El fondo es importante, pero la forma lo es más, no se puede escribir de cualquier manera, no se puede entregar cualquier cosa solo porque sea brillante. Ha de ser bella, intensa, sorprendente. No me vale nada. He dormido fatal, con pesadillas por la columna de ABC, pero también ha llegado alguna idea. Decido sentarme desde primera hora de la mañana a escribir columnas, las que sea, diez si son necesarias hasta que me salga una a la altura de mis expectativas. Empiezo con un tema y, como siempre, me sale bien y a la primera. Tengo todo el día libre para mejorarla, pero la columna está hecha y funciona bien. Además cumple con mi visión: frugal, que toque la actualidad solo como excusa, mala leche, acidez, ironía, humor, ligereza. Y sobre todo: persigo que la columna deje entrever un conocimiento grande de la actualidad pero que no sea un ejercicio de pedantería. Hay que dar a entender que te enteras de todo y sobre eso, escribir, lo cual es muy diferente a escribir ‘de eso’.

Veo durante la tarde una serie llamada Wolf Hall realmente interesante que aumentan la manía que tengo a los protestantes.

Lunes, 22 de marzo

Me paso todo el día viendo por la tele la moción de censura del PSOE al presidente de la Junta para hacer una columna que tardo en hacer media hora. Esto no tiene sentido. Entre medias como con Michel, Manu y Edu y pasamos la tarde juntos. Me ven hacer la columna en directo y les llama la atención el proceso creativo, cómo surge el clic, cómo no hay tiempo para dudar, la rapidez extrema en la que se crean ideas como forma bella. Entrego y me paso un poco con el alcohol, y no por beber mucho, sino porque no debería beber nada. Estoy repleto de compromisos, todo el mundo me requiere, tengo la agenda llena y esto es insostenible.

Martes, 23 de marzo

Vuelven las pesadillas. Sueño que escribo columnas, las escribo durante toda la noche, borro, matizo, vuelvo a lo escrito, mejoro, pulo y nada sirve de nada porque sucede solo en sueños. Quiero dejar claro que no sueño que escribo sino que escribo en sueños, es decir, las columnas son reales y las escribo de verdad, solo que dormido. Me despierto y me agobia saber que tengo que escribir de nuevo para un suplemento especial de El Norte que verá la luz en abril y cuya fecha límite es hoy. Esta semana tengo que entregar todos los días, algo que me agobia. No es el hecho de escribir, insisto, eso sale más o menos fácil. Lo que agobia es que vives para la columna, que solo puedes pensar en la columna hasta que la entregas y te liberas, pero es como desactivar una bomba cada día. Al subidón le sucede otra situación de estrés. No siempre se puede ser brillante. Pero he de serlo cada día. Tengo la sensación de que algún día se acabará el talento y todo el mundo descubrirá que soy un farsante.

Miércoles, 24 de marzo

Termina Rastreadores, el podcast en el que participo en El Norte de Castilla. Hemos cumplido la misión que nos encomendaron, abrir la veta, explorar un nuevo mundo, aprender junto al periódico en esta incursión en lo audiovisual. Ahora vendrán otros, seguramente con otros formatos y objetivos más concretos, para poblar este territorio en el que hemos sido pioneros. Para mi ha sido un aprendizaje grande. Tengo más soltura, más capacidad de improvisación, más tablas y sobre todo, he aprendido que hay puntos de vista muy interesantes en la otra orilla. He hecho dos amigos, Rafa Vega y Enrique Berzal. He dado la cara, he sido generoso y me siento conforme. Además, es un gran orgullo haber sido elegido por el periódico para dar este paso que queda para la historia. Vale.

Para celebrarlo vamos a comer juntos en un gran ambiente de risas y frases memorables. Se nos alargan las copas, evidentemente. Cómo no.

Jueves, 25 de marzo

Me empieza a molestar la comparación constante con Gistau. No soy Gistau, no soy el nuevo Gistau. Solo tengo barba y camisetas de rock. Y cierto estilo desafectado. Pero entiendo que hay miles así, es decir, yo no copio ni me inspiro ni me reflejo. Yo soy yo y la comparación constante me descentra. En primer motivo porque, ante esa comparación, solo puedo decepcionar. Y en segundo motivo porque puedo tender a cambiar mi estilo para, artificialmente, alejarme de Gistau. Yo no quiero cambiar mi estilo, quiero escribir como siempre, le parezca lo que parezca al resto. Es tan débil escribir para parecerse a alguien como escribir para no parecerse. Yo sé quien soy.

Viernes, 26 de marzo

Chapu, Belmonte, Peyró, Zabala, Sabino, Raúl del Pozo. Burgos cuando habla de Sevilla. Sostres cuando no quiere epatar ni elevarse. Nieto Jurado como cronista. Bustos y Hughes cuando no hacen análisis políticos. Jabois de vez en cuando. Cuartango cuando no está triste.

Sábado, 27 de marzo

Cada vez llevo peor las invitaciones a actos. No quiero ser pregonero de nada, inaugurar nada, ser miembro de ningún comité, acudir a ningún acto social, firma de libros, lectura de manifiestos, acto público de apoyo a cualquier gilipollez, recital de poesía, conferencia, mesa redonda, acto de confraternización, tertulia, vermú, misa o funeral. Quiero escribir, leer, ver museos con mi hija, tomar vino con mis amigos y dormir con mi gata.

Domingo, 28 de marzo

Escribo la columna de ABC con facilidad. No me viene bien esa longitud, necesito más espacio, un poco más. ABC me da 2200 caracteres con espacios y necesito 3300, como en El Norte. Esta longitud me hace tener que ir más al grano y pierdo capacidad para desarrollar conceptos como me gustaría y adornarme en el estilo. Hablo del tema de las custodias y paso muy por encima de mi caso porque no quiero decir nada que pueda perjudicar ni si quiera de refilón a mi hija o a su madre. Sería capaz de inventarme una realidad de ficción paralela para que Lucía se construya a si misma desde el amor y el respeto. Donde mejor está la mierda es tapada y los malos tiempos quedaron en el pasado. Somos felices a nuestra manera. De hecho me encuentro con ellas y con su actual pareja y comemos juntos en un ambiente divertido, amable y educado. Acabo, eso sí, hasta las narices. Una cosa no quita la otra. Renovaría mi compromiso con el divorcio cada día si fuera necesario.

Lunes, 29 de marzo

Facturo a El Norte, a El Debate y a ABC. La suma comienza a ser interesante. Y me lo dan a cambio de escribir, solamente de eso. No me lo puedo creer. Me pagan por escribir. Me siento un estafador. Me encanta.

Martes, 30 de marzo

Escribo sobre la Semana Santa para El Norte, tema complejo, escritura difícil, riesgo grande. Me cuesta, sufro escribiendo, siento miedo por momentos. Pero voy al límite del genero y del estilo. Día duro, termino muy cansado. Intento irme a descansar pronto para levantarme temprano y entregar para El Debate. Mañana cojo a Lucía a la hora de comer y quiero estar libre hasta el domingo. Muchas ganas de abrazarla.

Miércoles, 31 de marzo

Remato El Debate, muy satisfecho con estos dos últimos textos semansanteros. Viene Lucía y por fin puedo leer tras varias semanas de nervios. Con nervios no puedo leer, me resulta imposible, me posee la angustia. Sin embargo, la paz tiene efectos fulminantes en mi afición a la lectura. Estoy con Zweig, ‘El mundo de ayer’, fantástico. Me siento bastante identificado con esa obsesión que muestra por la libertad interior, que siempre he visto más como un sentimiento que como una realidad. Es decir, buscamos la sensación de libertad, no la libertad. La libertad es un lujo de pobres. En cuanto se tienen propiedades, intereses, familia, etc. nadie es libre, nadie puede hacer lo que quiere, todos nos debemos a la preservación de un bien superior al de nuestra propia libertad. Sin embargo, la sensación de libertad, ese señuelo, es suficiente. Lo que queremos es independencia, no libertad. Y la independencia sí que la da el dinero.

Viernes, 2 de abril

Exitos muy grandes de mis artículos de Semana Santa en El Norte y en El Debate. Voces importantes me proponen como Premio Cossio. No entiendo bien el éxito del texto de El Debate. Aunque es bueno, explico cosas para mi evidentes pero que, por lo que veo, no lo son tanto para los demás. No deja de asombrarme cómo funciona esto, el éxito y el fracaso son impostores esperando a la vuelta de la esquina para darte un susto cuando menos te lo esperas.

Sábado, 3 de abril

Empecé a escribir porque no me dejaban hablar. Yo no había escrito una palabra hasta que recogí la suficiente frustración. Como todo aquel que haya estado casado, yo estoy dispuesto a no hablar o a hablar muy poco, a limitarme a escuchar, a ser ninguneado, obviado, silenciado, anulado. Lo que no estoy dispuesto es a ser interrumpido. Y como no tenía ninguna otra manera de poder desarrollar algo sin que me cortaran, tuve que ponerme a escribir. Es la única forma que conozco de poder expresarme sin interrupciones, matices, temas paralelos, recuerdos, anotaciones, acotaciones y enmiendas.

Yo creía que muerto el perro se acabó la rabia, pero nada. Todo el mundo me corta, soy incapaz de hacer un comentario sin que me interrumpan. Y ojo, hablo de intervenciones de cinco segundos. Así que ya me retiro. Me limito a escribir y dedico el resto del tiempo a asentir haciendo caso omiso de todo.

Domingo, 4 de abril

I

Jorge Bustos comienza su columna en la contraportada de El Mundo con estas palabras: «Demasiada tiniebla ahoga la verdad pero demasiada luz mata el misterio, razona Peláez al hilo de su Semana Santa, que es la pucelana sin dejar de ser la sevillana». La leche.

II

Pido a ABC el teléfono y el mail de Herrera y me lo dan al instante y sin preguntar el motivo. Herrera no me hace ni caso, pero el hecho de que ABC sí que me lo haga me hace sentirme importante durante un segundo. Me paso el día mirando el WhatsApp de Carlos Herrera. Estoy por borrarlo y decir a ABC que no se crean nada, que soy solo un pobre hombre.

III

No paro de pensar en cómo voy a hacerlo para viajar con mi gata. Es decir, en cómo voy a hacerlo para viajar unos días este verano dejando a Mía en casa, no sé, tres o cuatro. Mi hermano puede ir cada día a darle comida y limpiar la arena, pero aún así, me siento un traidor. Ella me mira y no sospecha que sea capaz de irme a San Sebastián sin ella. Mía duerme conmigo, escribe conmigo, come cuando yo como y me acompaña a todos los sitios. Me despierta cada mañana a las 6:30 para que le dé el desayuno, que es un poco de lata de comida blanda. Cometi el error de dárselo el primer día y ahora lo pide sin faltar una sola mañana. A mi se me parte el corazón al pensar que, cuando me vaya, se va a despertar y no va a tener su desayuno especial cada día y que va a tener que dormir sola en una casa vacía. Luego me muerde y me araña cuando menos me lo espero, a traición, porque lo que es fundamentalmente es una cabrona, y entonces pienso que soy gilipollas, ella me abandonaría sin dudarlo por un pájaro con el que jugar un rato. Pero yo no puedo hacerlo, es demasiado bonita, esa mirada es arrebatadora, nunca he visto una gata tan bonita. En realidad, pienso, esta relación no se diferencia mucho del amor a una mujer.

Lunes, 5 de abril

I

Garabito me pide el prólogo y se lo hago en media hora, como poseído por una fuerza superior y extraña, en total estado de gracia. Inspiradísimo. Es fantástico y no sé cómo he sido capaz de explicar eso, no sé como he podido sacar de mi cabeza algo que nunca ha estado dentro. A mi me dicta la providencia, soy un puto medium. No reconozco la autoría de ningún texto.

II

Quirós me pregunta que cómo estoy en ABC, si estoy a gusto. Le respondo que es al revés, que si están a gusto ellos, no sé cómo estoy funcionando y no hemos vuelto a hablar. Me dice que están muy contentos y que, tras estos meses de contención, se ampliará mi colaboración. Me parece bien esa contención, yo también la tengo y estoy esperando para hacer un texto de indulto. Me limito a hacer faenas de aliño, de calidad, bien ejecutadas, de oficio, con clase pero sin aspavientos, sin estirarme a la verónica. No porque no pueda sino porque aún no conviene. Estoy enseñando al toro a embestir, a conocerme, a presentarme, a unas nuevas formas, a una ruptura generacional, a nuevos registros, nuevas referencias, a cierta insolencia envuelta de corrección. No escribo para las señoras viudas del Barrio de Salamanca sino para sus hijos, seguramente divorciados y con barba de tres días. Llegará el momento de liarla. Aún es pronto. No nos conviene a nadie, prefiero ganar a los puntos hasta que llegue la oportunidad para ganar por K.O.

Martes, 6 de abril

Vuelta a la normalidad de algún modo. Esta semana no tengo que escribir más que mañana para El Norte y libre hasta el domingo. Puedo dedicarme por completo a la empresa, hace sol, tengo tiempo y siento una profunda sensación de felicidad, de tranquilidad, de liberación, de relajación. Cierro con Pablo Velasco, de El Debate, el calendario de mis últimas colaboraciones. Me quedan seis, en junio quiero terminar. Verano es una buena fecha para irse sin traumas, como desdibujándose, un ‘fade to black’. Espero poder limitarme a hacer dos para ABC y una para El Norte. Es lo óptimo, tres columnas por semana y solo en dos medios. No creo que sea posible, siempre surgen 700 cosas y no sé decir que no. Me temo que, en cuanto se levante el pie y empiecen los congresos, jornadas, conferencias, etc. tenga compromisos por toda España.

Miércoles, 7 de abril

Compro ‘La amistad de dos gigantes’, la correspondencia entre Umbral y Delibes. Y ahora viene el problema: ¿lo pongo en la balda de Umbral o en la Delibes? También compro ‘Asombro y desencanto’, de Jorge Bustos. Muchas ganas de leer este último, el cabronazo escribe como los ángeles.

Jueves, 8 de abril

Acabo de trabajar y me tomo una docena de cervezas con Picón, Manu, mi hermano y más gente que va llegando a la terraza del Cafetín, frente a la Catedral, bajo el diluvio. Esto me recuerda a otros tiempos, no tan lejanos, en los que no hacía falta quedar, simplemente nos íbamos encontrando un grupo de mucha gente en ciertos bares. Todo eso se ha perdido, no solo por el virus. Fundamentalmente porque tenemos hijos, obligaciones y porque, en realidad, siempre he odiado que se siente en mi mesa gente con la que no he quedado y que conozco solo de vista. De cualquier modo, doy gracias a Dios porque haya un toque de queda a las diez de la noche. Si no, aún seguiría por ahí.

Viernes, 9 de abril

Tengo la sensación de estar terminando la ultima época feliz en la que están mis padres, mis hermanos, mis amigos y todos vivos y sanos, sin enfermedades. No tengo problemas económicos ni de salud. Mi empresa avanza. Mi carrera literaria, también. No tengo mujer ni amante. Hay que disfrutar de estos escasos momentos de felicidad total que se dan en una vida.

Sábado, 10 de abril

Me paso el día en pijama con Lucía, sin salir de casa para nada. Me invento un juego a través del cual le doy un punto cada vez que hace algo por mí, hasta llegar a los 35. Los puntos se pueden canjear por euros y los 35 euros son el precio de un pack de superthings, que no sé qué es, pero que parece tener mucho valor, así que lo pido en Amazon con la condición de que solo se lo daré cuando llegue a esa cifra. Mano de santo: pone el lavavajillas, lo quita, cambia la arena de la gata, hace las camas, pone la mesa, la retira, me hace el desayuno, me deja leer sin molestar y veo de fondo toda la jornada de fútbol. Creo que esto roza la explotación infantil, la realidad es que tengo una pequeña esclava por 35€. Es posible que si se entera la fiscalía me quiten la custodia compartida, pero me la juego, he sido terriblemente feliz comiendo comida basura y leyendo a Bustos sin levantarme del sofá en este día de lluvia.

Domingo, 11 de abril

Me aterra la opinión que de mí tiene mi familia y amigos más allegados. Se confirma que nadie te conoce menos que quien te conoce de siempre. Me siento terriblemente incomprendido, mal interpretado. Pero ¿qué hombre no se siente así? Se interpretan mal todos mis actos, mis comentarios, mis presencias y mis ausencias. Se toman en serio mi sentido del humor, valoran como maldad todas las chorradas que se me ocurren, pero es que escribo columnas sin cesar, soy una máquina de escribir, de observar y de adornar con humor la realidad. Todo por la columna, incluso la vida. Mi cabeza está preparada para la acidez, la brillantez y el humor. Esto hace que haya quien opina de mi que soy nervioso, poco diplomático, engreído, soberbio, impaciente e impertinente. Es rotundamente falso, no acepto nada de eso. Soy frío, extremadamente educado, aristócrata sin pintas, humilde, trabajador, paciente y -eso sí- irreverente. Pero ante todo soy libre y mantengo mi independencia a costa de lo que sea. De lo que sea. Soy capaz de perder cualquier amigo si percibo que no me deja ser quien soy. Mi individualismo es extremo: ni jefes, ni socios, ni mujer. Yo hago lo que considero que tengo que hacer y no doy explicaciones. Esto no es soberbia, es libertad. No la han probado. Tiene un precio y lo he pagado.