Lo bueno del patrimonio inmaterial es que no se ve y quizá, por eso, aún no se les ha ocurrido un impuesto. No demos ideas. La verdadera sucesión, la única donación que importa es la gratuita, la que se produce sin papeles de por medio, la que se graba en la sangre y en la retina a base de observar y repetir aquello que nos ha sido legado por los que estuvieron antes, por quienes caminaron por estas mismas sendas y quienes poblaron estas mismas tierras mucho antes que nosotros. ¿O qué es si no el aprendizaje? ¿Es acaso otra cosa que copia, repetición e imitación de lo observado? ¿Hay mayor maestro que el tiempo?

Todo nos llega desde el pasado, las cosas no surgen de la nada. Todo lo que vemos ha sido creado por los que nos quisieron sin conocernos, solo imaginándonos. Los que ya nos pensaban cuando no éramos ni una posibilidad. Todo árbol lo ha plantado alguien, por eso todo árbol es genealógico. Lo que no tiene materia no es diferente, también está ahí, delante de nosotros. 

La tradición es la mayor fuente de conocimiento. No es superstición sino un corpus de conclusiones que surgen de la observación, de las causas y sus efectos, de un rudimentario método científico sin probetas ni laboratorios. Quien carga contra la tradición es que no quiso a sus abuelos, supongo. De otra manera no se entiende esa obsesión por crear un hombre nuevo sin entender que somos hijos del viejo, de sus saberes, de sus ritos. No sé como verían que los hijos de sus nietos pensaran en ustedes como ‘cromagnones’ cuyas decisiones eran casi animales. Es lo que estamos haciendo cuando pensamos en los abuelos de nuestros abuelos, en esas personas que amaron, lloraron, rieron y aprendieron antes que nosotros. Y que nos lo legaron todo. Ese patrimonio es nuestra mayor riqueza. Vale más que una casa, que una tierra, que un arado. Conservar lo recibido, protegerlo, aumentarlo y seguir para que el que venga detrás haga lo propio. No parece que la vida sea mucho más que eso.

Esto funciona igual cuando lo recibido es conocimiento, cuando es cultura popular, oral y simbólica. De ahí su inmaterialidad. Un refrán, una canción, un rito. Quien crea que la Semana Santa, por ejemplo, es un asunto limitado a lo religioso, es que no ha entendido nada. La Semana Santa es religión, sí, pero lo transciende, si es que se puede transcender a la trascendencia misma. Es un hecho cultural, social, antropológico, etnográfico, pero también artístico, gastronómico, turístico, económico, estético. Por eso una talla es material, pero la Semana Santa es inmaterial. No es de nadie, no hay propietario en lo que sienten los ojos de una niña que se viste junto a su padre para acompañar a la Virgen de su barrio. Esos recuerdos forjarán una personalidad, esos olores crearán recuerdos y todo ello forjará una vida. Cuando mire atrás no sabrá de dónde viene exactamente, pero lo legará como se lega una danza, una receta, una costumbre.

La matanza es mucho más que matar un cerdo. Eso lo hace cualquier matadero y puedes obtenerlo loncheado y refrigerado en un lineal. Quien hace la matanza no quiere carne de cerdo. La diferencia entre el sobre de jamón york y el patrimonio inmaterial es todo lo que sucede alrededor, que nadie sabe lo que es, pero que es lo único que importa. Una familia junto a una artesa, un papel viejo con una receta, unas medidas que no entienden el sistema métrico y que habla en puñados, pizcas, t0quecitos. Unas ausencias en el patio que lo llenan todo de recuerdos, un viaje hacia uno mismo que comienza en la memoria y acaba en esa bruma. Es algo atávico, una conexión espiritual con lo que somos en realidad, lo que somos cuando nos quitamos el disfraz de lo que queremos llegar a ser. Y se canta, claro. Y se bebe y se ríe. Y hemos vuelto a ganar al tiempo y al espacio. Y lo ven los más pequeños y rueda la rueda y gira la noria.

Tenemos una responsabilidad con el pasado, pero también con el futuro. Tenemos el peso de la historia en los hombros, esos mismos hombros que han servido tantas veces de butaca. Esos hombros alzan mucho más que la mirada. Alzan la memoria, alzan el futuro y nos alzan a nosotros como pueblo. Nuestra mayor tradición es ser universales. Se trata solo de no encogernos de hombros cuando llegue el momento.

(Esta columna se publicó originalmente en el primer tomo del suplemento especial sobre patrimonio inmaterial de El Norte de Castilla el 20 de abril de 2021)