
Todavía queda un mes para que se cambie la hora. Mientras tanto seguiremos en este tercermundismo horario que consiste en despertarse de noche y acostarse de día. Ese momento, el del cambio de hora, es el mejor del año, por delante del final del verano y de la vuelta al cole, que están bien, pero que se quedan cortos. Yo lo celebro como las campanadas. Porque el cambio de hora es algo superior, un golpe en la mesa definitivo que viene a nuestras vidas a poner orden y a terminar con ese ‘domingueo’ como de funcionario en bermudas para instalarnos, por fin, en la paz interior, la belleza de la rutina y el crespúsculo morado de los cielos de Castilla.
(Este el el primer párrafo de un texto que se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 1 de octubre de 2023. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí).