Aitana mueve la pelvis y España se tambalea. Hay una cantante que baila, hay una artista que se contonea, hay una mujer joven y sexy que mueve el trasero y las beatillas se santiguan escandalizadas, tapan los ojos a sus hijas, musitan letanías y jaculatorias –del latín ‘iaculatorius’, como ‘eyaculación’– y se rasgan las vestiduras como si viviéramos en una España censora, tercermundista y oscura que creíamos muerta, pero que resulta que está viva. Hay que defenderse. Entiéndanme bien, que a mí todo esto me tiene sin cuidado, solo soy uno de esos padres que llevan a su hija al concierto con ojeras como nazarenos y que se pierden en colas virtuales para comprar entradas de ‘front stage’ a plazos y con multi avalista. Pero, aún así, hay que defenderse. De las beatillas podemitas, esas que intentaron machacar a Chanel en su momento, por no sé qué del feminismo y también de su espejo, las beatillas de enfrente, las que tachan de pornografía un espectáculo pop, pero luego llaman satánico al Papa.

(Este es el primer párrafo de un texto que se publicó originalmente en ABC el 26 de noviembre de 2023. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí).