No sé si recuerdan aquel cara a cara televisado en el que vimos a un Sánchez desquiciado, nervioso y extrañamente espídico. Parecía un adolescente indignado con el mundo, siempre injusto con los poetas y con los mediocres. Era verano, éramos felices, Pedro se veía fuera de Moncloa -qué mundo mas perro- y ponía esas caritas como de central vasco al que le sorprende que le hayan sacado tarjeta tras partir la tibia a un media punta brasileño. Bien, pues lo de este miércoles ha sido lo contrario. Nos hemos encontrado con un Sánchez tranquilo, sosegado y controlado en el insulto. Manejando datos, sólido en el discurso como un detective procaz, dejando por una vez de lado la bronca para entregarse a un perfil presidencial, técnico y sobreactuando la autoridad que no tiene.

(Este es el primer párrafo de un texto que se publicó originalmente en ABC el 21 diciembre de 2023. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí).