unque todas las plazas pueden parecer iguales, no lo son. Las hay con cuatro esquinas, las hay redondas y en Valladolid las tenemos hasta octogonales. Hay plazas sin forma definida, las hay que son en realidad ensanches venidos a más e incluso tenemos plazas que son solamente conceptos, como, por ejemplo, la del Corrillo, que si la quitas el kiosco se queda en un estado de ánimo. Pero la verdadera diferencia no es esa. Lo que distingue en realidad a las plazas es el momento del día en el que más brillan. Así tenemos plazas de mañana, plazas de tarde y plazas de noche. No tienen nada que ver entre ellas y nos muestran diferentes maneras de estar en el mundo. Las plazas de tarde son bucólicas, como sacadas de un cuento antiguo, con niños que toman la merienda, ancianos que vuelven a casa y estudiantes que vienen y van con su estrés y con sus gafas para la hipermetropía.

(Este es el primer párrafo de un texto que se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 19 enero de 2024. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí).