Hace un par de semanas me caducó la tarjeta de crédito. Bueno, es un decir. En realidad, las tarjetas no caducan porque no son yogures. Y tampoco tienen fecha de consumo preferente, así que se trata simplemente de una fecha de validez máxima, de un día a partir del cual dejan de estar operativas. Aunque ustedes todo esto ya lo saben, así que no importa. 

Y, además, el banco me ha enviado otra, idéntica a la anterior, como si fuera su hermana gemela. Podría considerarse un clon. Así que no debería pasar nada. Solo que sí que pasa: la tarjeta nueva es como la anterior, pero no es la anterior. 

(Este es el primer párrafo de un texto que se publicó originalmente en ABC el 21 de enero de 2024. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí).