
La confianza no se gana. En todo caso se pierde. Cuando alguien tiene un colaborador estrecho se sobreentiende que confía en él. Y si no, es mejor no tenerlo, hacerse con un par de revólveres y salir a la calle como ‘El Llanero solitario’ a pegar tiros al aire. Aún recuerdo la cara de mi hija cuando le dije que tenía toda mi confianza, como una batería cargada al 100%. Y que, además, la tenía de entrada, porque sí y a cambio de nada. Solo por ser mi hija. La confianza es una corriente bidireccional y esa es la parte que depende de mí. La que depende de ella es mantenerla. No se trata de conseguir puntos cada mañana para ser digna de mi confianza. Eso ha de ser aterrador, porque siempre estás en duda. Y se trata de lo contrario, de demostrarme que no hay motivos para que yo cambie de actitud
(Este es el primer párrafo de un texto que se publicó originalmente en ABC el 2 de marzo de 2024. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí).