
Recuerdo aquella mañana como la recordamos todos. Yo trabajaba en una agencia de publicidad e iba en el Freelander que un compañero había mangado a su padre para librarse de la tristeza del vaho en las ventanas de los buses. Poco antes de las ocho, cuando debíamos estar entrando, aún estábamos a media hora e Iñaki Gabilondo daba la noticia de un atentado en Madrid. No dudamos de que había sido ETA, nadie lo hizo. Cuando por fin llegamos a la mesa, la radio estaba puesta y todos estaban conectados a aquellos primeros periódicos online de España, con las conexiones pidiendo una tregua y el contador de muertos como una unción de enfermos. Dos, doce, veintitrés, treinta y cinco. El número subía hasta que llegó a esa cifra maldita en la que te empieza a dar igual.
(Este es el primer párrafo de un texto que se publicó originalmente en ABC el 11 de marzo de 2024. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí).