El rencor es un gusano en el alma, un surco de odio a navaja que se hunde en la carne y que no cicatriza nunca. Se diferencia de la envidia en que a un envidioso le duele el éxito ajeno mientras que a un rencoroso le duele el recuerdo de su propio dolor. Y lo hace cada mañana. Por eso la envidia trae consigo la culpabilidad privada y el reconocimiento de la propia miseria. Y se tapa con arena para que no huela. Pero el rencor es diferente, es público, no llega con reproches delante del espejo y forma una venganza en estado de latencia, como una crisálida esperando su momento para pasar de larva viscosa a mariposa que sobrevuela las flores de lavanda. Cuando el origen de ese rencor lo forma una afrenta a tu familia, pasas de víctima a verdugo, aparcas el dolor y coges las armas para hacer lo que debes: proteger a los tuyos, jugarte la vida, morir si es necesario.

(Este es el primer párrafo de un texto que se publicó originalmente en ABC el 23 de marzo de 2024. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí).