
En Coque tuve la experiencia culinaria más intensa de mi vida. Creo recordar que el plato consistía en un consomé de liebre con algunas hierbas infusionadas, pero no podría jurarlo porque aquello pasó hace mucho y ya solo me queda un recuerdo en el corazón y en paladar, un recuerdo vago que se abre paso entre la niebla. Decía Rimbaud que el poeta es un ladrón de fuego. Quizá el columnista sea un ladrón de niebla, un tipo que avanza por su memoria como un niño ciego que palpa las paredes como quien manda una carta de amor a un punto fijo. Y que intuye que al final de la sala y la columna, allí donde acaban las paredes y las referencias debe haber algo de luz. Y esa luz es lo que se persigue.
(Este es el primer párrafo de un texto que se publicó originalmente en ABC el 31 de marzo de 2024. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí).