
Sánchez es el oso que ahoga todas las causas que decide abrazar. Las deja sin aire en los pulmones, con la tráquea obstruida y las extremidades inertes girando sin cadencia, como un espantapájaros de tela en mitad de un campo de molinos. Ese es el principal problema de ser un mentiroso compulsivo, un intoxicador y un fascistucho de tres al cuarto: que nadie te cree, que eres contraproducente para tus objetivos y, peor aún, que lo único que logras es que el resto se posicione en contra de causas objetivamente buenas solo porque el que las defiendes eres tú. Es injusto, pero también es lógico, es el juego de causas efectos y el recorrido natural de una gota de veneno que, disuelta en el vaso, convierte todo el agua en arma homicida.
(Este es el primer párrafo de un texto que se publicó originalmente en ABC el 4 de mayo de 2024. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).