panorama en España empieza a ser digno de estudio. Tiene algo de experimento, de ‘performance’, de cámara oculta diseñada para observarnos como a ratones de laboratorio. Sanchistas y no sanchistas nos miramos sorprendidos, con una curiosidad como de entomólogos. En la calle nos respetamos, pero creo que solo aparentemente; la verdad es que en cuanto nos damos la vuelta, nos descojonamos unos de otros como de terraplanistas. Así que el encuentro entre un sanchista y un antisanchista empieza a ser algo antropológicamente interesante, como cuando un cachorro de gato ve por primera vez a una tortuga y la rodea, la huele e incluso la toca para ver si quema. De algún modo es como si no pudiéramos dar crédito a que el de enfrente pudiera llegar a ser tan necio como para no pensar como nosotros. Nos pasa a todos. En este lado nos leemos entre nosotros y allende el muro se leen entre ellos. Unos escuchan unas radios y otros las otras. Unos tienen sus intelectuales y los otros los suyos. Bueno, es una forma de hablar, ya me entienden: o intelectual o sanchista. Hay que decidirse.

(Este es el primer párrafo de un texto que se publicó originalmente en ABC el 25 de mayo de 2024. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).