
En Londres amanece antes de las cinco y la noche muere antes de tiempo, algo que nunca hemos sabido agradecer lo suficiente. Ayer, ese primer rayo de sol me golpeó antes de tiempo en la mejilla derecha, lo que me sirvió para salir del hotel en busca de uno de esos cafés literarios que tanto se prodigan por París y por Madrid y que, pese a mi insistencia, en Londres ni existen ni existirán nunca. A pesar de ello, no descarto seguir buscándolo cada vez que la vida me traiga por aquí. No hay nada similar a uno de esos cafés para sumergirte en el ambiente y observar la decadencia sin formar parte de ella. En definitiva, un lugar en el que seguir sin escribir, pero sin perder el tono. Porque Londres no deja espacio para el disfraz colectivo. Nunca hubo una asociación de dandis.
(Este es el primer párrafo de un texto que se publicó originalmente en ABC el 2 de junio de 2024. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).