
El 29 de julio fueron asesinados tres niños en Inglaterra. El culpable resultó ser un ciudadano galés de 17 años. Para que la panda de racistas habitual no nos acuse de que ocultamos información, aclaro que el asesino es hijo de padres ruandeses. Se ve que así, al certificar su sangre africana e impura, ya podemos eliminar los homicidios de la cuenta de los británicos y apuntarlos en la de los inmigrantes, bien sean de primera, segunda o tercera generación. Porque la cosa es que, en realidad, da igual: en cuanto en el árbol genealógico aparece un ‘no-británico’, se acabó el tema. Así que digamos que el tipo era británico, pero poco. Por seguir dando datos, los padres eran cristianos. Y digo yo que, si apuntamos los homicidios en la cuenta de los inmigrantes, por el mismo motivo habría que apuntarla en la de los cristianos. O sea, en la mía. Y como por ahí no paso, entiendo que un inmigrante tampoco lo haga.
(Este es el primer párrafo de un texto que se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 23 de agosto de 2024. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).