En el vagón, justo enfrente de mí y sentada en sentido contrario de la marcha hay una mujer alemana de sesenta años. En realidad, no sé si es alemana. Y quizá tenga casi setenta. En cualquier caso, conserva la mirada de las mujeres bellas. A este tipo de mujeres la belleza nunca les abandona. Es posible que se apague, que el brillo se torne mate y que no explote con la violencia de la pólvora sino con la discreción de un globo. Tiene una mirada altiva, pero no arrogante, una mirada de dignidad, de seguridad en sí misma, como si, de alguna manera, la belleza no viniera a ella, sino que saliera de ella. Y que lo hiciera, además, en todas las direcciones, como un chorro de agua helada que limpiara el mundo a su paso.

(Este es el primer párrafo de un texto que se publicó originalmente en ABC el 29 de septiembre de 2024. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).