Esta noche a las tres han vuelto a ser las dos, y eso es algo que nunca dejaremos de celebrar en la España civilizada, que es la España de la luz y de la aurora. Desde mañana, mi hija podrá ir de nuevo al instituto a pleno sol en lugar de caminar a ciegas entre sombras, paseando a plena noche –a plena calle–, mochila, compasión y contracturas. Un poco antes, aún en medio de la noche y de la prensa, su padre le prepara el desayuno, le deja el almuerzo sobre la mesa y enciende la radio. Porque en las casas con una radio alta se desayuna mejor, el café está menos solo y se llenan de tertulias los pasillos. «La radio se hereda», me dijo el otro día un amigo. Y al menos en mi caso así fue. Así que solo cedo el patrimonio que me dieron, como en una carrera de relevos.

(Este es el primer párrafo de un texto que se publicó originalmente en ABC el 27 de octubre de 2024. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).