
La comparecencia de Ángel Víctor Torres —cien minutos en total— tuvo un efecto sedante en el hemiciclo. Algo tuvo que ver, sin duda, la cadencia hipnótica del acento canario y ese tono respetuoso que se gasta, que pone la política a treinta y tres revoluciones y a los cronistas en una bradicardia que ni Induráin en la etapa Benavente-Tordesillas. Yo creo que podría declarar la guerra a Marruecos, convocar la Liga Santa o invadir Gibraltar y tampoco lo veríamos tan grave. En cualquier caso, entre el halo senequista y el ambiente pesado y gris del cielo de Madrid, la ‘depresión aislada en niveles altos’ —eso significa DANA— bajó a ras del suelo, se integró entre nosotros y se apoderó de todo como el tufo del vino en una bodega. Y cuando desperté, el dinosaurio aún estaba allí, como José Vélez pero en afónico, cantando una nana muy bajito, casi en secreto.
(Este es el primer párrafo de un texto que se publicó originalmente en ABC el 14 de noviembre de 2024. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).