La alcaldesa de Burgos, la popular Cristina Ayala, decidió que era buena idea excluir de las subvenciones municipales a todas las oenegés que trabajaran con inmigrantes. Se lo había impuesto Vox, pero eso da exactamente igual, no sirve como excusa. Sobre todo, porque, como veremos más adelante, no es cierto. En cualquier caso, como respuesta a esa decisión del Ayuntamiento de Burgos, más cercana a los sexadores de pollos que a la política occidental, Cáritas decidió renunciar a su parte al considerar, como organización católica, que las ayudas han de brindarse «por igual a todas las personas necesitadas», entre ellas a los inmigrantes, cuyo apoyo «contribuye a una sociedad más justa». Es el suyo un gesto de liderazgo, de fortaleza y de solidaridad que siempre es de agradecer. Y más en tiempos como estos, tan poco dados a muestras de coherencia, de grandeza y de honestidad. Sobre todo si afecta a la cartera, que es donde reside el compromiso. Y porque, además, la cosa no iba con ellos directamente, aunque sí lateralmente: es un hecho que Cáritas también ayuda a inmigrantes. No en vano, suyo es el Reino.

(Este es el primer párrafo de un texto que se publicó originalmente en El Norte de Castilla el 15 de noviembre de 2024. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).