
Conviene no confundir lo popular con lo populista. Lo popular es la sabiduría de un pueblo elevándose en silencio sobre su tiempo; lo populista es su opuesto, el catálogo de vicios de ese mismo pueblo, sus defectos negruzcos y ruidosos hundiéndose en el presente como en una ciénaga. Antonio Machado dignifica lo popular, primero desde lo andaluz y luego desde lo castellano, si es que ambas expresiones no fueran, en realidad, variaciones de un mismo alma. En cualquier caso, lo hace desde lo profundamente español y desde un elitismo intelectual que lo sitúa en un lugar incompatible con las pulsiones más básicas y dirigidas, es decir, con las pulsiones populistas. Precisamente estos días encontramos en la Fábrica de Artillería de Sevilla una exposición realmente interesante sobre ‘Los Machado’ que comisaría Alfonso Guerra y cuyo catálogo conviene guardar como oro en paño porque no sé muy bien si nos habla sobre nuestro pasado o sobre nuestro futuro. En cualquier caso, de allá vengo en una mañana espléndida. Porque, desde luego, Sevilla está para verla. Y para oírla. No sé qué es mejor, si sentarse a observar la belleza de esta tierra o sentarse a escuchar a su gente.
(Este es el primer párrafo de un texto que se publicó originalmente en ABC el 8 de diciembre de 2024. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).