
Hay a quien le gusta el turismo cultural, quien prefiere el gastronómico e incluso quien, en un arrebato alfredolandista, opta por el de sol y playa, con sus paellas, sus guiris y sus salmonelosis. Pero lo mío es el turismo loterístico. Yo valoro el destino en función de la probabilidad de que toque el Gordo. Todos intuimos que un décimo de Briviesca, de San Pedro del Pinatar o de Vic tienen más valor que uno de su pueblo o del mío. Uno oye Briviesca y parece que ya estuviera escuchando a Goyo González en COPE explicando que el premio ha sido muy repartido por toda La Bureba y conectando con una señora de Vallecas que lo compró en el último momento. Así que me fui a La Rioja, que es la parte de Castilla más infravalorada en lo histórico.
(Este es el primer párrafo de un texto que se publicó originalmente en ABC el 23 diciembre de 2024. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).