
Melania es un enigma de alta costura, una interrogación de piernas largas, una ‘femme fatale’ vestida de botella de Tío Pepe que, a su paso, detiene la respiración y los relojes. Yo la miro en el Capitolio, vertical como un arañazo, y me embeleso, me derrumbo, confieso que me atrapa en su perfección eslovena –en su perfección inmigrante–, en esos dos ojos envueltos en sombras blancas que prefieren no mirar para no ver lo que se les viene encima. Es como un cuadro carísimo en el salón de alguien que no sabe de arte, una figura de porcelana blancaen medio de un estruendo sucio, callada pero presente, como si de alguna manera hubiera llegado a la conclusión de que, en el silencio, su poder se multiplica. Melania es una suicida con vocación de esfinge.
(Este es el primer párrafo de un texto que se publicó originalmente en ABC el 26 de enero de 2025. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).