El nacionalista no es de derechas ni de izquierdas: es nacionalista. Ese es el gen dominante, te llames Junts, PNV o Vox. El nacionalista no tiene una ideología, una cosmovisión ni una interpretación sofisticada de las cosas: simplemente se siente diferente, y no conozco a nadie que, al sentirse diferente, se sienta inferior. Ellos se sienten superiores, especiales y, como consecuencia, se instalan en un romanticismo delirante, en la melancolía mitificada de un paraíso perdido y en la nostalgia, que, según Luis Alberto, es «un burdo pasatiempo». Todos los nacionalismos son despreciables desde lo intelectual. Y más desde lo moral. Pero no todos son iguales, ni mucho menos. No hay nada en España similar al PNV y dudo que exista algo así en el mundo. No existe un punto de vista tan cínico, un relato tan ventajista ni una manera de estar en el mundo tan manipuladora como la suya. El PNV no es un partido político: es un gestor de aduanas con un jersey sobre los hombros.

(Este es el primer párrafo de un texto que se publicó originalmente en ABC el 27 de enero de 2025. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).