
Al final la guerra cultural era solo el caballo de Troya en el que viajaba la guerra comercial y, por lo tanto, la antesala de la guerra, pero la de verdad, la de fosas comunes, campos de concentración y huerfanitos. Pese a lo que cree la mayor parte de la derecha española, el mundo no es una película de Disney sino la selva. Y en la selva los errores se pagan. Parece indudable que cuando un grupo de socios deja de comerciar, lo que sigue es una guerra por los recursos, es decir, por los territorios. Los perdedores de esa dialéctica no se van a quedar callados, porque no hay paz sin justicia y la gente se suele poner nerviosa antes de morirse de hambre o de ver cómo les expulsan de su tierra para convertirla en un puticlub. Estados Unidos está cavando su propia tumba al volar un ‘status quo’ que le beneficiaba, perder aliados por todo el mundo y generar una ola de odio que nos llevará –Dios no lo quiera– a ver de nuevo suicidas volando el Empire State. Las causas no las busquen lejos. La seguridad es un asunto global para la que se necesitan aliados. Y es pueril pensar otra cosa.
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 15 de febrero de 2025. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).