Sánchez puede expresar la voluntad política de aumentar el gasto en defensa sin necesidad de pasar por el Parlamento, pero no puede ejecutar dicho gasto si no quiere ser inhabilitado y condenado por prevaricación administrativa, malversación de caudales públicos y, en su caso, desobediencia a los órganos constitucionales. Para ejecutar ese gasto necesita la autorización expresa del Congreso, vía directa o vía Presupuestos Generales del Estado. Ni sus socios ni Vox –la llamada coalición ‘Imagine’– van a aprobar dicho gasto, ni por una vía ni por otra, por lo que solo queda el PP, cuyo apoyo Sánchez descarta totalmente. Es importante recordar que esa negociación se daría en el Legislativo entre el Grupo Parlamentario Popular y el Socialista. El grupo mayor de los dos es el popular que, por lo tanto, debería ser quien detentara la posición de fuerza –tiene mayor legitimidad social– y quien fijara las condiciones al grupo menor y, por lo tanto, más débil. Esto no va a suceder. La consecuencia es que España no cumplirá con sus compromisos con la UE y que Sánchez culpará de ello tanto a la extrema izquierda como a la derecha, presentándose él mismo como una víctima centrada entre dos extremos perniciosos, irresponsables y antieuropeístas.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 17 de marzo de 2025. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).