
En Valencia hay un petardo y en Madrid un fuego. Como suele pasar en los incendios, el humo que desprende la hoguera se ve mejor desde lejos, de Salt a Rota, de Ribadeo a Arrecife. No es un humo blanco, de esos que surgen al quemar madera sino el humo negro que nace del aceite quemado. El epicentro está justo encima de la calle Génova y, quizá por eso, en el PP no lo ven. Miran a los lados, se ponen la mano como visera para que el sol de Sorolla no los deslumbre y achinan los ojos, pero no ven nada y se limitan a levantar los hombros como cervatillos heridos en el medio de Monfragüe. Porque sucede que los cervatillos no saben mirar hacia arriba y, por lo tanto, no son capaces de ver a los buitres que les sobrevuelan, esperando su momento.
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 20 de marzo de 2025. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).