Ahora sabemos que Ana Sánchez nunca pensó que el PSOE de Castilla y León pudiera acabar «en manos de Óscar Puente». No son palabras de un peligroso fascista, de un enemigo del progreso ni ‘fake news’ de un pseudomedio de ultraderecha, sino de una compañera socialista, con su certificado de pureza de sangre, su hoja de servicios visada y su superioridad moral. Nos hemos enterado porque le han pillado diciéndolo en la tarde de los micros abiertos, que es la antesala de la noche de los sueños rotos. Y entrecomillo sus palabras porque son literales. Aunque, en realidad, no hay nada de raro: Ana dice lo mismo que dice todo el mundo, voten o no al PSOE. La única diferencia es que la gente normal te lo dice en público y los cargos del PSOE te lo dicen en privado, con la mano delante de la boca, como cuando Modric habla con Fede Valverde. Lo único que llama la atención es que Ana realmente se sorprenda del devenir de los acontecimientos: cuando Tudanca se rindió al sanchismo, cuando traicionó su palabra y cuando decidió no dar ninguna batalla contra el aparato, en el fondo estaba poniendo personalmente el PSOE de Castilla y León en manos de Óscar Puente. Porque, evidentemente, han sobrado dos meses para que todos los castellanos y leoneses, desde Ponferrada hasta Ayllón nos hayamos enterado de que Carlos Martínez es solo un señuelo, un hombre de paja, un ‘mandado’ de Puente para poder controlar la federación sin pasar por unas urnas que jamás le habrían aupado a la secretaría general.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 28 de marzo de El Norte de Castilla. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).