La labor de la literatura, como la de cualquier otro arte, no es hacer una sociedad mejor, instruir moralmente al lector o ayudarle a buscar la virtud. Su función tampoco es la opuesta: construir una sociedad peor, corromper al público o promover activamente las sombras. Su labor no es iluminar; tampoco, ensombrecer. No es buscar las grietas ni taparlas. Sencillamente, la literatura no tiene función. Cada libro es lo que el autor haya decidido que sea, si es que eso fuera posible, algo bastante cuestionable, porque la realidad es que cada libro es la historia de un fracaso. Como decía Pessoa, «no hay mayor castigo que el de saber que todo lo que escribo resulta enteramente fútil, fallido e incierto». Todo libro es una derrota, todo párrafo un fracaso y todo autor un náufrago. Eso es todo.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 30 de marzo de 2025. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).