Saber por qué estás donde estás: ese es el mayor síntoma de inteligencia. Ser capaz de descifrar cuáles son las causas concretas, de discriminar cuál es el origen de la situación, de hallar el catalizador preciso de entre una jungla de posibilidades, como cuando en un texto en latín encuentras una palabra en acusativo e instintivamente buscas el verbo que lo llene de sentido. Ese es el cauce correcto. Lo contrario –vivir instalado en una experiencia puramente emotiva, como si los efectos nacieran por generación espontánea– es peligroso. Porque se percibe la vida como una experiencia abstracta que lo llena todo de mugre en general, como consecuencia de no haber entendido nada en concreto.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 14 de abril de 2025. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).