Uno no tiene el poder: es el poder el que te tiene a ti. Creo que Francisco lo comprendió tarde, como todos. Eso no quiere decir que no lograra cambiar nada, sino que solamente logró cambiar algunas cosas y a medias. Porque las resistencias son grandes, los enemigos enormes y las armas con las que se les puede hacer frente son diez mandamientos, ocho bienaventuranzas y una pastoral basada en el amor, el perdón y la misericordia. En términos humanos, así es imposible ganar nada. Pero en los términos que nos interesan, que trascienden nuestros códigos, lo hizo. Y por goleada. Cumplió la misión que se le encomendó: estar al lado de los pobres -que son la inmensa mayoría de los católicos-, de los pecadores -que lo son todos, sin excepción- y situar a la Iglesia en un permanente estado «de salida», para que los que están fuera puedan entrar y que los que están dentro puedan salir y dar testimonio. Suficiente.

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 22 de abril de 2025. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).