
Es cierto que ninguno aguantaríamos la ‘pena de whatsapp’, que todos aflojamos la lengua en determinadas situaciones y que nadie está libre de ‘macarrear’. Pero también es cierto que ninguno somos presidentes del Gobierno. A él se le presupone talla humana, preparación intelectual y una etiqueta que incluye el teléfono. No hace falta que su manera de proceder nos haga sentir orgullosos, pero conviene que, al menos, no nos haga sentir la vergüenza triste del que tiene una madre borracha.
Lamentablemente, en España, no tenemos un presidente del Gobierno al uso sino un hombre resentido y acomplejado. En vez de una persona que aspira a lo virtuoso, lidiamos con una personalidad límite, inestable y con problemas para controlar sus emociones. Hasta ayer todo esto podíamos suponerlo al verlo tensar sus articulaciones temporomandibulares como si fueran cuerdas de contrabajo. Sospechábamos de su debilidad al verlo venirse abajo cuando se siente humillado y podíamos imaginar cómo es en la intimidad al verlo reaccionar en público. Desde ayer, no tenemos dudas. Las conversaciones entre Sánchez y Ábalos que publica ‘El Mundo’ muestran a una persona agresiva, vengativa y con una peligrosa y oscura forma de ejercer el poder.
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 12 de mayo de 2025. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).