¿Cómo va todo, querido amigo? Por curiosidad, he estado mirando las temperaturas de Sheffield y he visto que estos días tenéis por allí máximas de 22 grados. La verdad es que me produce cierta envidia, no te lo voy a negar. Los climas templados son propios de gente civilizada, seguro que allí utilizáis los días de descanso para ver museos, para visitar a familiares o para leer tranquilamente en el jardín de esas urbanizaciones que tenéis, silenciosas, grises y llenas de mujeres que se llaman Mildred y que ofrecen tarta de arándanos a los nuevos vecinos. Eso está muy bien. Nosotros, por el contrario, estamos en plena ola de calor y llegaremos fácilmente a los cuarenta grados, así que la gente aparca ese ‘savoir faire’ y se limita a ir a la playa o a la piscina semidesnuda como todo acercamiento al arte. 

Como ya te he hablado bastante de ese tema, no voy a abundar. En cualquier caso, aquí a los vecinos no les regalamos tarta de arándanos; como mucho, si se descuidan, les obsequiamos con una derrama para las goteras en el cuarto. Pero, más allá de eso, creo que hay algo de lo que no te he hablado aún, una especie de tercera vía de nuestros veranos, formada por la gente que no va ni a playa ni a montaña, ni a la piscina ni al extranjero. Son los Rodríguez, Nickie. No, no me refiero a ‘Los Rodríguez’, aquella banda de Calamaro, sino a los Rodríguez, que es como llamamos a los hombres que tienen que trabajar pero que dejan a su familia de vacaciones. Es decir, en vez de volver todos, vuelve solamente el hombre y el resto de la familia se queda donde estuvieran. En el fondo es una declaración de amor: «Vosotros disfrutad, que ya me sacrifico yo por la familia». Aunque, en ocasiones, suena a ‘escaqueo’: «Ahí os quedáis con vuestra madre, que yo me voy a Madrid».

(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 7 de agosto de 2025. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).