
Nos alertó Jorge Fernández Díaz en una cena en el ‘txoko’ de ABC: Milei no solo no había terminado con las redes clientelares del kirchnerismo, sino que las había utilizado en su favor. El acoso a la prensa, el matonismo digital y el escarnio a sus críticos han sido sistemáticos desde el primer día de su Gobierno, que se enfrentó al peronismo en sus propios términos, es decir, mimetizándose con él y tomando prestadas sus estructuras discursivas, culturales y mediáticas. «Hay dos máquinas de mentir: el kirchnerismo y el mileismo», recordaba el propio Fernández Díaz en ‘Modo Fontevecchia’. Si alguien creía que con Milei se acaba la polarización, la lógica de buenos y malos y el sectarismo más destructivo, se equivocaba: solo cambiaba de manos. La libertad –es un decir, Milei no tiene la menor idea de liberalismo– era solo el caballo de Troya en el que viajaba escondida la censura previa, un liderazgo mesiánico y despótico y una ministra de Seguridad que pide allanar las casas de los periodistas que difundieron los audios que demuestran las ‘coimas’ a su hermana corrupta. La respuesta a un populismo de izquierdas no puede ser un populismo de derechas, porque es la misma basura. Aunque, desde luego, identificar al peronismo con la izquierda y a Milei con la derecha no deje de ser ciencia ficción.
(Este párrafo forma parte de un texto que se publicó originalmente en ABC el 22 de septiembre de 2025. Al ser contenido premium, solo puede ser leído íntegramente aquí. Si no se han suscrito, les animo a que lo hagan. La suscripción es muy barata a cambio de muchísimo y necesitamos más que nunca prensa libre).